¡No podía faltar la aventura en Ushuaia! Me encanta todo lo que tiene que ver con el turismo y deportes de aventura. Debo confesar que me genera un poco miedo y de ansiedad pero que lo hago igual. Me obligo a vivirlo porque sé que lo voy a disfrutar y que no me perdonaría haberlo intentado.

Sí, soy de esas personas que antes de subirse a la montaña rusa está nerviosa, riéndose y llorando al mismo tiempo pero que una vez que está arriba es la que más grita y cuando se baja ya se pone en la fila para vivir la experiencia de nuevo.

Cuando desde Ushuaia Extremo nos propusieron realizar la experiencia de andar en bicicleta sobre hielo, mi sonrisa no entraba en mi cara y me temblaba el cuerpo de felicidad. Intentaba recrear en mi mente cómo iba a ser. Todo lo que me imaginé quedó super chico frente a lo que vivimos.

Antes de empezar debo contarles que tanto la batería mi celular como la de la cámara de fotos son sensibles al frío. No es que lo sabía de antemano, me enteré estando allá. ¿Qué significa? Que por más que estén cargadas al 100% al ser expuestas al frío, dejan de funcionar. Así que este post no tiene tantas fotos como los otros pero si un vídeo muy lindo (porque lo hice yo jaja) donde muestro los diferentes momentos de este espectacular experiencia.

Llegamos al local una hora antes de salir. Teníamos que probarnos la ropa y borcegos especiales que nos daban para no sentir frío ni mojarnos. Nos dieron el mismo equipo que se usa cuando se viaja a la Antártida. Así que, la recomendación fue no estar tan abrigada debajo del camperón porque sino iba a transpirar y sentir mucho calor.

 

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Eli de darvueltaalmundo.com y Flor de viajeydescubra.com ¡Qué modelos! 😉

 

Cuando nos subimos al transfer, Osvaldo, el guía de Ushuaia Extremo, nos fue contando sobre Ushuaia. Todos detalles de la ciudad y sus alrededores que no conocerías sino te lo cuenta alguien apasionado por lo que hace y por el lugar donde vive.

Me llamó la atención cuando dijo que íbamos a realizar, además de turismo de aventura, “turismo ciéntifico”. Fue la primera vez que escuché ese término y me encanta lo que significa. De hecho, es algo que yo intenté hacer en todos mis viajes anteriores salvo que no sabía que tenía ese nombre.

El turismo ciéntifico es una forma de conocer y valorar el origen y las costumbres de un pueblo. Entender el por qué, el cómo y el para qué de las cosas a través de la ciencia. No solo de aquella que tiene que ver con los tubos de ensayos, sino de las ciencias sociales, como la antropología, economía, la ciencia natural y ambiental e incluso de la ingenería o arquitectura que te explica el por qué de las formas de los techos de las casas.

Está bueno cuando tenés un guía al que le podés preguntar de todo y que además te cuenta cosas que ni se te habían ocurrido.

Salimos de Ushuaia con dirección al Valle de Lobos. Es uno de los centros invernales que está sobre la Ruta Nacional N°3.

Desde el Valle de Lobos nace un sendero hacia la Laguna Esmeralda, lugar que me quedé con ganas de ir porque las condiciones climáticas no lo permitieron (tendré que volver en verano para ir, ¿no?).

Cuando llegamos al lugar todo el suelo era un bloque de hielo. Antes de bajarnos del tranfer nos hicieron poner grampones para caminar sin terminar en el suelo (o con baja probabilidad de hacerlo). Apoyé los dos pies y sentía todo raro. Eso de caminar mientras clavas sobre el hielo no es algo que vivas todos los días.

 

 

Apenas me dieron la bicicleta, lo primero que hice fue verificar que sea de mi talle y comprobar que la altura del sillín sea correcta. Cosas locas de los que andamos en bicicleta, ¿no?

Caminamos unos metros hasta el sendero y nos subimos a las bicicletas. ¡Qué doble emoción fue ese momento! Por un lado subirme a un bici después de varios meses y que encima tenga que pedalear sobre hielo y nieve.

Las ruedas tienen unos clavos especiales (no de esos que se usan en la carpintería) que hacen que se adhiera al piso, evitando patinar o quedar pedaleando en falso.

Los primeros kilómetros del paseo fue andar por un camino por el medio de un bosque donde el suelo era más  nieve que hielo. Lo primero que aprendí fue que había que tener cuidado era con el cumulo de nieve porque eso hacía que la rueda trasera coleara (que se te vaya la bici para un costado).

Había una huella para seguir que hacía que ni te dieras cuenta que pedaleabas sobre nieve pero que estaba bueno a veces salirse y sentir un poco de adrenalina (o miedo a caerte, para llamarlo por su nombre).

Salimos del bosque y quedamos en el medio de un valle. Miraras hacia donde miraras era todo un paisaje blanco. En un momento Osvaldo nos recuerda lo que nos contó sobre los castores y cómo las castoreras afectaban al medioambiente porque los cursos de agua los convertían en lagunas. Lagunas que ahora estaban congeladas y que íbamos a conocer bien de cerca. Y lo digo así porque, luego de comprobar con una piedra de que el hielo era firme, bajamos a caminar por encima de la laguna.

 

 

De nuevo la adrenalina al máximo. Caminar y sentir ese miedo de que se puede romper el hielo y caer en el agua muy muy fría. Como pasa en los dibujitos animados, solo que en este caso sabes que podes sufrir de hipotermia (y listo, no sigamos imaginando cosas malas).

Pedaleamos un poco más por el valle y nos frenamos en otra laguna formada por una castorera pero que estaba a tres metros arriba del nivel en el que estábamos. Caminamos por un sendero y fuimos con las bicicletas hasta esa laguna congelada. En esta había menos nieve en la superficie y hasta había espacio cubiertos por una capa de agua que no sabías si era producto de la llovizna que caía de a ratos o de que se estaba congelando el hielo. Mejor pensemos que era por lo primero.

 

 

Dejamos las bicicletas en el hielo y nos fuimos a caminar  por un nuevo sendero en un bosque donde el cúmulo de nieve era mayor. Había que mirar bien por dónde pisabas porque podías terminar enterrado hasta arriba de la rodilla. Consejo que aprendí: pisar sobre las huellas enterradas por los demás.

Salimos a otra laguna congelada que derivaba en la que habíamos dejado las bicicletas. Caminamos un poco sobre el hielo, a esta altura ya era algo normal estar haciendolo aunque los ruidos del piso seguían generando esa sensación de “qué estoy haciendo, me volví loca pero me gusta”.

 

 

Volvimos por el mismo bosque hasta donde dejamos las bicicletas. Ahora tocaba vivir la experiencia de pedalear sobre la laguna congelada. Juro que fue increíble. Si antes sentía que era extremo pedalear con alforjas sobre las montañas en Chile, hoy doy fe que pedalear sobre el hielo es una experiencia única y extrema que recomiendo a todos los amantes de la adrenalina.

 

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¿Qué hacés si vas caminando por una laguna congelada y encontrás esta grieta? :O

 

Incluso es una excursión que si no sabes andar en bici o no te animás, se puede realizar caminando.

Mientras esperabamos que el transfer nos pase a buscar, nos divertimos tirandonos en culopatín. Eso sí que es arriesgado, sobre todo si estás parado en el lugar equivocado.

Sin dudas, esta es una de las experiencias de aventura en Ushuaia que volvería a hacer en mi próxima visita al Fin del Mundo. En invierno, obvio. Y porque sí, porque siempre se puede volver.

 


Este es un post patrocinado. Significa que recibí una retribución económica por colocar un enlace en el texto. Pero esto no afecta sobre lo que escribí porque en las experiencias que comparto en porlasrutasdelmundo.com son basadas en mi experiencia. Los posts patrocinados son una de las formas para financiar mis viajes y seguir con el blog de viajes.

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