Cuando llegamos a la portería/entrada de Laguna Amarga, salió un guardaparque a nuestro encuentro al grito de “¡Llego el Forastero!” Ale se bajó y le comentó que lo que nos quedaba de dinero no alcanzaba para pagar las entradas ($18.000 chilenos c/u = 36 u$S c/u) y, desde adentro, vi como se iban caminando hacia la oficina. No aguante y bajé corriendo tras ellos e ingresé justo cuando Sebastián, el guardaparque, le estaba dando a Ale un papel que tenía un sello que decía “INGRESO LIBERADO”. ¡¡No lo podíamos creer!!

Luego de agradecer el gesto, estacionamos y nos pusimos a organizar los días para aprovechar al máximo lo que hay para hacer dentro del parque. El primer sendero que recorrimos fue el que te lleva hacia el Lago Sarmiento, que tiene una duración de 2hs (ida) y caminas entre la fauna del lugar: guanacos, choiques, variedades de aves, esqueletos de choiques… mejor no pensar.

Llegamos al fin del sendero que te deja en otra de las porterías del parque y no a orillas del lago como creíamos. Entramos a preguntar si podíamos ir hasta poder tocar el agua y el guardaparque nos dijo que sí, pero que no nos asustemos si veíamos pumas, que no pasa nada, que ellos te tienen más miedo a vos que vos a ellos. Yo salí diciendo “gracias por decirme que los esqueletos que vimos no fueron de muerte natural”.

 

Con eso nos fuimos riendo al sendero hacia las orillas del lago, mirando para todos lados, por las dudas… no vaya a ser que justo ese día los pumas no tengan miedo. Para tocar el agua había que bajar el cerro y yo preferí quedarme arriba, pero Ale bajó y volvió a probar el sabor del agua, a pesar de que habíamos leído que lo blanco que bordea al lago es sal.

A orillas del Lago Sarmiento
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A orillas del Lago Sarmiento

Al regresar estábamos cansadísimos, fuimos directo a dormir, o eso intente porque estábamos estacionados sin reparo del viento y de un lado teníamos una pendiente. Ya no sólo tenía miedo de que el viento nos de vuelta el camión, sino que terminemos en el río.

Al otro día salimos rumbo al Hotel Torres del Paine porque desde ahí comienza el sendero para a ir a la base de las mismas. Llegamos y buscamos donde estacionar pero fue muy desilusionante que varios nos digan que no podíamos ubicarnos porque está reservado para los huéspedes del hotel y albergues, ¿ y el que viene en su vehículo? “solo se deja estacionar a los micros que traen personas para hacer la excursión”. Nos fuimos con mucha bronca… inclusive hasta surgió un pensamiento: “si es patrimonio de la humanidad, por qué tengo que pagar una excursión para verlo?. 

Paramos en el mirador del Lago Nordenskjöld, que es el lago turquesa que se ve en las fotos, y que de fondo se ven Los Cuernos del Paine. Soplaba tanto el viento que no podíamos abrir la puerta, y una vez abajo no podíamos caminar. Es más, había una parte que daba al acantilado que algunos (inclusive Ale) se ponían a jugar a dejarse caer, pero no se caían porque el viento los mantenía en pie.

Los Cuernos del Paine desde el mirador del Lago Nordenskjöld
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Los Cuernos del Paine desde el mirador del Lago Nordenskjöld

 

De ahí nos fuimos a la guardería Pudeto para hacer dos senderos más. El primero que hicimos fue hasta el mirador de la cascada Salto Grande, donde había mucho viento y cuando digo mucho es porque por momentos te tenías que agarrar de la baranda para no salir volando.

Después caminamos más de 4km entre cerros, que habían sufrido un incendio hace tiempo atrás, hasta llegar al mirador Los Cuernos. Como estaba a punto de largarse una señora tormenta, no pudimos apreciarlos. Eso es lo malo que tiene, si hay nubes bajas o tormenta no podes admirar ni las Torres del Paine ni Los Cuernos. Cuando estábamos volviendo se largo la tormenta, pero el viento no paró.

 


Nuestra idea era ir hasta el camping Pehoe y hacer el mirador Cóndor pero al llegar, la tormenta todavía seguía y faltaban 3 horas para la noche. Me bajé a preguntar en el camping si podíamos pasar la noche en el estacionamiento de ahí porque no teníamos dinero y, no solo me dijo que si, sino que también podíamos entrar al camping para estar al reparo del viento. Ale no salía de su asombro cuando volví con la noticia.

Al rato que estacionamos salió un poco el sol y Ale quiso ir a hacer el sendero igual, a pesar de que nos dijeron que era una mejora pasajera. A la media hora que había salido empezó a caer agua y  a soplar el viento de nuevo. Cuando regresó estaba empapado y entró diciendo “casi me muero” y me contó que estando arriba se tuvo que refugiar en una grieta del cerro porque ni el viento ni el agua lo dejaban seguir.

La tormenta siguió toda la noche y parte de la mañana siguiente. Lo malo fue cuando nos enteramos que el clima iba a estar así todo el día y no nos podíamos quedar más tiempo. Era 1 de febrero y, a más tardar el 2 de febrero teníamos que pasar a Argentina porque a Pumba se le vencía el permiso y a nosotros las licencias de conducir. Así que, muy tristes porque el clima no nos dejaba seguir disfrutando del parque pero muy contentos por haber podido ingresar y haber disfrutado, aprendido, guardado en nuestra mente tan lindos paisajes.

¡¡Gracias Chile por los 15 días que nos hicieron sentir tan bien recibidos!!! Por ayudarnos a seguir cumpliendo nuestro sueño y por dejarnos conocer los hermosos paisajes para compartirlos, no solo en internet, sino también cuando en las rutas nos preguntan “donde nos recomiendan viajar?”, nosotros sin duda alguna mencionaremos el sur Chileno. Porque de eso también se trata este viaje, de ayudar con datos e información a los futuros viajeros que quieran recorrer América.

 

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