En unos días se cumple un año desde que ingresé a Argentina después de un viaje de diez meses por Uruguay y Brasil. No sé si es porque el día está lloviendo pero me puse a repasar todo lo vivido en los últimos casi cuatro años de vida nómada y, en particular, del último año.

Hay algo que tenemos en común la mayoría de aquellos que volvemos de un viaje largo y es el sentirnos extraños en lo que un momento fue nuestro lugar y círculo íntimo. Y eso genera angustia.

Cuando volví del primer viaje, aquel que recorrimos en motorhome por nueve meses, descubrí qué es la depresión post viaje. Mejor dicho, sabía que era depresión pero no lo asociaba con el hecho de volver de un gran viaje.

Estábamos en la provincia de San Juan y yo no quería volver. El solo hecho de pensar en regresar a Buenos Aires me provocaba angustia. Pero no estaba sola y, en ese momento, decidí acompañar la elección de Alejandro de visitar a la familia antes de seguir viajando hacia el norte y que las distancias se hicieran cada vez más grandes.

Recuerdo que veía cómo los kilómetros iban restando. Eso significaba que nos acercabamos a Buenos Aires. Pero, para mi, era alejarme de algo que me hacía bien y que me gustaba realizar.

“Prometeme que vamos a salir a viajar”. Repetía esa frase en el último tramo de la vuelta. Como si fuera algo de vida o muerte, necesitaba saber que era solo una visita rápida, que no íbamos a volver a vivir de la misma forma que antes.

 


Los primeros días fueron muy duros. Estaba muy sensible, me la pasaba llorando por todo. No disfruté el reencontrarme con mi mamá y hermanos. Pero no porque no los extrañara o no quisiera verlos después de nueve meses. Simplemente porque yo no quería estar ahí.

Sabía que estaba teniendo signos de depresión y lo asocie rápidamente al hecho de no estar viajando. Pero me equivoqué. El problema no era no viajar.

Leyendo y hablando con otros viajeros, me encontré con el término “depresión post viaje”. Creí saber qué significaba y cuál sería la solución. Pero no. Y por eso decidí escribir sobre esto. Porque a alguien más le puede servir entender qué son esos síntomas que siente al regresar de un viaje.

 

“Mezcla de sonrisa gris, llanto feliz y dolor”

Esa frase es de un tema de Los Piojos y resume lo que sentí por muchos meses. Estaba contenta de volver a ver a mi familia pero, al mismo tiempo, estaba triste susceptible, sensible, irritable. Todo me molestaba.

Me decía a mí misma que todo era pasajero y que ya iba a volver a estar haciendo lo que me gustaba y me hacía bien.

Hasta que descubrí que ese no era el problema.

La depresión post viaje no es (solo) estar triste porque no estas viajando. No es (solo) no poder acostumbrarse a una rutina nueva. Después de todo, en el viaje cambiar de rutina era la rutina de todos los días y era lo que me hacía sentir viva.

No son los cambios exteriores. La depresión post viaje tiene que ver con los cambios interiores. Con los cambios que uno experimentó durante el viaje y que, posiblemente, no tomó consciencia. Y es el volver a lo que, en teoría era “tu lugar”, lo que te hace darte cuenta que cambiaste.

¿Por qué? Porque sentís que esa ciudad, ese barrio, esa casa, esas personas que antes eran tu vida “habitual” parecen desconocidos. Pero, insisto, no porque ellos cambiaron. Cambió uno y ya no se siente a gusto y eso hasta genera culpa y angustia.

Sentía angustia porque los únicos con los que podía hablar y que me entiendan eran viajeros. Angustia por ver a otros viajar y yo no. Angustia porque aquellos con quienes me reencontraba no me entendían. Y porque yo no los entendía a ellos.

Hasta que comprendí que era lo que sentía y cómo los demás no eran el problema. Y es que tampoco era yo el problema. Todo era un gran malentendido que se resumen en pensar que al volver iba a ser todo como antes.

¡Cómo va a ser todo como antes si yo no soy la misma de antes!

 


Lo primero que hice, una vez que acepté que cambié, fue respetar. Respetar a los demás y respetarme a mí. Si bien con el viaje, comprendí que no estoy de acuerdo con un montón de las situaciones llamadas “socialmente establecidas”, eso no significa que otros sí lo están y es válido también.

Así  me di cuenta que era un error pensar que viajar es lo mejor que uno puede hacer en la vida. No. Es lo mejor que yo puedo hacer porque a mí me gusta. Pero hay tantos sueños como personas. Ninguna elección de vida es mejor que otra.

Cuando volví del segundo viaje también sufrí de depresión post viaje. Otra vez la decisión de poner en pausa el viaje no era personal. Tenía una mezcla de tristeza, bronca e impotencia.

¿Por qué siempre pasaba algo que me impedía seguir con el viaje? ¿Por qué había una especie de imán que me atraía a Buenos Aires?

¡Soltame Buenos Aires, me quiero ir! Gritaba cada vez que por una cosa u otra no podía terminar de organizar y planificar una fecha de partida.

Tan mal la pasaba que terminé tomando una decisión que no volvería a tomar (o por lo menos no ahora). Viajar en bicicleta en invierno y con el fenómeno del niño (o la niña, ya no me acuerdo) haciendo de las suyas.

 

¿La tercera es la vencida? 

Diferente fue la vuelta a Buenos Aires desde Florianopolis. Esa si fue una elección que tomé. Ya no veía a la ciudad de la furia con ojos de monstruo sino que me la imaginaba como aquel lugar que me haría sentir como en casa para poder acomodar las emociones y proyectos.

A pesar de eso, también tuve un choque cultural al volver. Sí, un choque de mi propia cultura. Sentir que no pertenecía. Pero hice un gran esfuerzo para aprender de las dos veces anteriores y lograr que la depresión post viaje no fuera tan fuerte.

Lo que sigue a continuación son cosas que hice los primeros tres meses al volver a Argentina.

Luego entré en una período de desequilibrio pero no asociado a la depresión post viaje sino a los dos hechos que marcaron el 2016: la enfermedad terminal de Pioja y la separación con Alejandro.

 

Cómo sobrellevé la depresión post viaje.

A diferencia de las otras dos vueltas, esta vez decidí no establecerme en Capital Federal sino en General Rodriguez, a 50 kilómetros. En un barrio donde las calles todavía son de tierra y todos se conocen y te saludan.

Esa decisión creo que fue acertada porque pude tener ese período de transición y no sumar estrés con los ruidos del tráfico ni ahogarme con el smog.

Llegué y empecé a buscar cosas para hacer en Buenos Aires. Es decir, crear una rutina. Ese era uno de los motivos por los que quería regresar. Para darle vida a los proyectos que nacieron durante los años que estuve viajando y que precisan de un período de quietud para llevarlos a cabo.

Armar una huerta en el patio. Ir a un curso de dibujo. Retomar mi blog personal de escritura. Crear una asociación con otros blogueros de viajes. Estudiar y especializarme en comunicación digital.

Todas actividades que me mantuvieran en movimiento. Que me hagan encontrarle un sentido a estar en Buenos Aires y no solo esperando a volver a viajar.

Las dos veces anteriores que volví a Buenos Aires no generé un círculo de conocidos y amigos porque pensaba “para qué si ya me voy a ir a viajar de nuevo”.

Esta vez fue diferente. Y es una de las mejores cosas que hice. Porque ellos me ayudaron a afrontar los meses posteriores cuando Pioja comenzó a desmejorar y me encontré cara a cara con todo cambió para siempre.

Hoy en día, mi rutina tiene una gran cuota de viajes. Siempre encuentro la forma de sentirme un poco de viaje. Voy a charlas y eventos, me junto con viajeros, escribo una lista de los lugares que quiero conocer. Porque sí, porque no basta con decir que quiero dar la vuelta al mundo. Ando en bicicleta por la ciudad y la recorro con ojos de turistas. 

Si volviste de un viaje largo y te sentís como en un laberinto sin salida, con una gran tormenta de emociones, no te deprimas.

Tendrás que aprender a respetar el momento. A no forzar situaciones. Que sepas que el problema no es que terminó el viaje o que volviste a un lugar donde todos cambiaron. No. El que cambió fuiste vos y tenes que aceptarlo. Y no es un problema, por más que lo sientas así.

Espero que mi experiencia te sirva. Si estás pasando por una depresión post viaje, lo más importante es que no te aísles completamente. No estás solo.

Si estás pasando por un momento difícil lee este post y recargate de buena energía. (clic en la imagen)