Salimos de Rio Gallegos y la ruta hacia el Paso Fronterizo «Integración Austral» nos recibió y acompañó a baldazos de agua. Si, no fue una lluvia fuerte o tormenta. ¡Fueron baldazos de agua!

Teníamos pensado merendar en la Laguna Azul, pero no fue posible lamentablemente.

El cielo aflojó a medida que llegábamos a la frontera. Por suerte, todo lo que nos habían contado de lo que nos iba a poder pasar, no sucedió. En menos de media hora ya estábamos sobre la ruta chilena.

Cruce en la Balsa - Chile

Llegamos a la balsa de Punta Delgada para que después de 20 minutos nos deje del otro lado donde nos esperaban un poco más de 130 kilómetros de ripio. Gracias a las recomendaciones de camioneros, elegimos ir por la ruta de Cerro Sombrero.

La idea principal era dormir en el estacionamiento de la empresa transbordadora y al día siguiente hacer ese recorrido, pero Ale se sentía con ganas de seguir, así que encaramos la ruta a 20km/h sabiendo que la noche nos iba a encontrar en el medio del camino y que iba a ser nuestra primera experiencia de estar sobre la ruta siendo de noche.

Eran las 2 de la mañana cuando entramos a realizar los tramites para salir de Chile, ahí, frente a los intentos de Ale por evitarlo, me gane una enemiga. Esperemos que cuando volvamos a pasar no sea en su turno, por las dudas nomas je.

 

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Pensamos en pasar la noche en la estación de servicios de San Sebastian del lado Argentino, pero como eran solo 80km y Ale seguía con ganas de manejar, hicimos esos kilómetros para llegar a Rio Grande después de más de 9 horas de viaje continuo, a pesar de los intentos del GPS por obligarnos a tomar un descanso.

La anécdota del camino: yo veo que el asfalto tenia partes mas oscuras que otras y, habiendo vivido en la isla, le dije «guarda que hay escarcha en la ruta» y el me dice «con razón en las curvas se me iba para todos lados» y mi cara de miedo al mismo tiempo que le imploré «no se te ocurra apretar el freno por favorrr»... jajaja una noche muy pero muy fría fue la que nos recibió a las tres y media de la mañana.

Rio Grande

Los primeros días los pasamos en la estancia Maria Bethy, ahí vive Soledad, mi hermana del alma que nos viene esperando desde antes de salir de Buenos Aires.
Ale tuvo su primera (¿y única?) experiencia de trabajar en el campo. Le toco la señalada de corderos. No vamos a contar con detalles lo que tuvo que hacer porque seguramente mas de uno se volvería vegetariano, pero solo vamos a decir que volvió ensangrentado de pies a cabeza. Una experiencia reveladora según él.

Salvo el día que llegamos y el día que nos fuimos, todos los demás fueron de lluvia intermitente pero molesta.
Lo del pronostico nos dificultó para poder exponer nuestras artesanías y generar los ingresos necesarios para poder seguir avanzando, pero ya aprendimos: «No hay mal, que por bien no venga.»

Alejandro Arias de Manolo Competición, nos contrató para trabajar en el taller durante 2 semanas. Además, Susana y Juan (los padres de Andrea, compañera de trabajo de Sole) nos recibieron en su casa y nos trataron como a sus hijos durante nuestra estadía.

Rio Grande

 

Rio Grande

 

Rio Grande

Una idea loca se nos cruzó, Nochebuena y Navidad la pasábamos con la familia de Sole pero, ¡¿qué tal si despedimos el año en el fin del mundo?! Y así fue que el 31 de diciembre salimos rumbo a Ushuaia.

Primera navidad en viaje

Primera navidad en viaje

No habiendo hecho ni un kilómetro, Ale escucha un ruido que claramente se identifica con el de un neumático pinchado. ¿Qué hacemos? El último día del año en una gomería, ¡preparemos hilo y aguja!
Resultó que se había roto la válvula de un neumático, así que hubo que hacer cambio de cámara. Frente a la pregunta de ¿cómo tenes el auxilio?, la respuesta fue «no tengo… bah, esta soplado» (significa que el neumático se esta rompiendo de adentro hacia afuera con el peligro de que reviente de un momento a otro).

A lo que uno de los gomeros gritó «¿Quedó algún neumático del camión que cambio la semana pasada?» y se escucho de lejos «Si», a lo que respondió «Entonces trae una y cambiásela por el auxilio de los chicos».
A todo esto Ale se sube al Fora a contarme: ¿habrá sido para que busque un hilo mas resistente?

Él seguía hablando con los muchachos y ofreciéndose a ayudarlos así aprende de paso. Así fue que se entero que son oriundos de Mendoza.
En un momento les pregunta cuánto iba a salir toda la joda y uno contestó «y ponele una luca» y Ale riéndose le dijo «Ehh tanto? Yo pensé que con un champagne arreglábamos», a lo que contestaron que ellos no toman alcohol y Ale retrucó «Vos sos mendocino y no tomas alcohol y yo soy blancanieves».

Imaginense el estallido de carcajadas por toda la gomeria.

Cuando terminaron Ale les preguntó que les debíamos por todo el trabajo hecho y contestaron «algo para los puchos y el champagne que nos dijiste». Nosotros no lo podíamos creer. Intentamos que nos cobren lo que correspondía pero nos dijeron que era su granito de arena para ayudarnos a seguir con el viaje. Con esa frase, tantas veces escuchada, no podemos luchar, así que dos de la tarde estábamos saliendo rumbo al fin del mundo.