En la anterior publicación conté sobre una reflexión que tuvo Ale al darse cuenta que estábamos en Chile. Ahora me toca a mi compartir todo la mezcla de emociones y sentimientos que tuve en nuestra estadía que duró exactamente un mes, siendo forasteros en Chile.

Repasemos brevemente: debemos reparar el Forastero porque consume mucho aceite y le cuesta arrancar. La idea era trabajar y juntar el dinero en los lugares turísticos de Argentina, pero a nuestro paso faltaban 2 meses para que comience la temporada alta y, como por arte de magia, la ruta nos guió hasta Santiago, la capital del vecino país. No es la primera vez que estamos en Chile, en enero estuvimos 15 días en la región de Magallanes y Ultima Esperanza, pero esta vez fue totalmente distinto.

Tras recorrer 800km en dos días por la autopista panamericana, llegamos a la comuna de Puente Alto que queda a unos 23 km del centro de Santiago. Allí nos recibió Alicia, la mama de Paulina nuestra amiga de Punta Arenas. Ya conocía nuestra situación y no tenía ningún problema en que nos quedemos el tiempo que necesitemos en su casa, Pioja y Pumba incluidas. Estamos muy agradecidos con ella, que no se cansó de querer mimarnos y darnos los gustos, como toda madre.

Al lado de la casa, por fuera, quedó el Forastero estacionado. Al principio no nos convencía y buscábamos dónde guardarlo porque cuando escuchábamos un ruido y corríamos la cortina veíamos que los vecinos hacían lo mismo. “¡Qué zona más peligrosa debe ser!” Pensábamos, pero no, lo hacían para ver que “la casa rodante de los argentinos” estuviera bien. Es decir, el Fora estaba siendo cuidado por todo el barrio y esos nos hacía sentir muy afortunados. Desde el primer día nos trataron muy bien. La gente pasaba y se sacaba fotos, se acercaban a hablarnos y aparecían las preguntas, las dudas, las felicitaciones y los retos también.

Gonzalo, a quien conocimos en Ushuaia los primeros días de enero, se contactó con nosotros inmediatamente y nos fue a visitar. Nos trajo la tarjeta Bip! (se usa para pagar el boleto del metro y bus) y nos prestó un celular con chip para que no estemos incomunicados dentro de la gran ciudad conociendo lo costoso que es el uso del roaming. Realmente, no sabemos como agradecerle tanta ayuda y tanto cariño. Sin dudas es nuestro embajador de Chile.

También nos sorprendió con la noticia de que Ale ya tenía trabajo, sólo debía  juntarse con su futuro jefe y arreglar detalles. El lunes lo llevó a la obra en construcción y lo presentó con Tito que le dice “Alejandro vas a trabajar con nosotros”. Encima, como si ya no fuera suficiente, él vivía a 6 cuadras de donde estábamos, así que arreglaron para ir y venir en la camioneta y ahorrarse el costo del viaje en metro.

 

 

Sólo faltaba yo. Gonzalo había impreso unos 20 curriculum vitae que salí temprano a repartir por la zona céntrica de la ciudad. Fui a la parrilla de un argentino a ver si me resultaba más fácil conseguir trabajo ahí. Entre y hable con el administrador que me dijo que solo trabajan hombres en el lugar y me deseo suerte. 

Cuando estoy saliendo un empleado me dice que vaya a una cuadra, a un sushi bar y que dijera que iba de parte de él para que me sea más fácil conseguir una entrevista. ¡No lo podía creer! No me conocía pero me recomendaba.

Después entre a otro restaurant y me explican que están buscando garzón/mesera pero en la otra punta de la ciudad. Ante la desesperación, traté de memorizar como pude la forma de llegar y fui. Tomé el metro/subte y me bajé en la estación que me indicaron, salí a la calle y ahí se me termino la memoria, no sabía cómo seguir pero tampoco iba a volver. En la esquina había dos empleados de transito y me acerque a preguntarles. Me dijeron como llegar al boulevard de los restaurantes pero ellos no recordaban  que haya una sucursal del que yo buscaba. No contentos, averiguaron en su celular el teléfono del restaurant del que venía y llamaron para preguntar. Era una sucursal nueva y les pasaron la dirección exacta, entonces me hicieron un mapa de cómo llegar. Imposible perderme! Mientras caminaba no salía de mi asombro. “¿Seré una especie de Truman show?”.

Al día siguiente seguí pateando y recibiendo más ayuda pero la negativa era que no tenia visa de trabajo y para tenerla, primero tenes que tener un contrato de trabajo, pero nadie te contrata porque sino para el estado de Chile, el empleador se convierte en responsable de ti y de tus actos y, en caso de que te metas en líos y debas ser deportado, el empleador se hace cargo de tu viaje hasta tu país.  Es decir, nadie se anima a contratar a alguien a menos que confíe un 100% en esa persona.

A la tarde me llamaron para comenzar a trabajar inmediatamente en un local de comidas rápidas. Luego de que le mencione dos veces si podía trabajar sin la visa correspondiente y que me dijera que si,confirme la entrevista.  A la mañana temprano llegue a la estación metro cuando faltaban 5 minutos para que cambie de la tarifa alta a la media, entonces me quede esperando mientras miraba el mapa del centro. Se me acercó el de seguridad y me pregunta si necesitaba algo, no se por qué le dije que estaba viendo que zona me faltaba recorrer en busca de pega/trabajo. Me dijo que vivió en Argentina y que allí muchos lo ayudaron, así que iba a devolver ese favor ayudándome. Acto seguido freno como a 3 pasajeros que el conocía y les hablo de mi, recomendándome y todo. No hubo suerte, pero me dejo pasar y me aseguro que mientras él estuviera yo iba a viajar gratis, que era su forma de ayudarme a ahorrar dinero. Otra vez, la sonrisa se apoderaba de mi cara.

En el nuevo trabajo estuve desde las 10 hasta las 16 aprendiendo muchísimo. ¡Mi primera experiencia en un local de comidas rápidas! Al finalizar la jornada, me confirman que quedaron muy conformes con mi desempeño pero, cuando me estoy yendo, me llama uno de los gerentes (el que me llamo por teléfono) y me dio la noticia que no me podían contratar por no tener visa de trabajo. Por lo menos me indicaron como ir a la casa central a buscar el pago de mi día.

 

Obviamente estaba medio desilusionada, pero me quedaban 5 curriculums y decidí el viernes salir de todas formas.  Cuando me quedaban tan solo 2, me puse a pensar en cómo imprimir más o, mejor dicho, si valía la pena. Entré a una gran tienda de ropa con 4 pisos, pregunte y me dirigí al servicio de clientes para dejar mi ultimo cv. La señora que me atiende me dice que le va a sacar copia para presentárselo a dos áreas distintas pero, por esas cosas, la impresora quedo programada para hacer 5 copias. Así que me regalo las otras 4 para que siga repartiendo CV. 

 

El lunes y martes siguientes fueron feriados y para el miércoles Ale me dijo que prefería que me quedase en el Forastero arreglando y acomodando.  Por suerte, a la semana conseguí un trabajito como para levantar mi autoestima y también aportar dinero, el que necesitamos para poder arreglar el motor home. Y fue una linda experiencia, primero porque me di cuenta que puedo trabajar de otras cosas que no sean administrativa o mesera, segundo porque seguí conociendo gente amable que nos quiso ayudar, como siempre, desinteresadamente.

Las emociones y sorpresas siguieron hasta el último día, donde la ruta nos siguió demostrando que tenemos que dejar todo en manos de ella, que sabrá siempre guiar nuestras huellas.

 

Para Ale todo el mes y para mí la última semana fue rutinaria, monótona, pero lo hacíamos con gusto porque sabíamos que era temporal y para poder seguir viajando.  

En los 30 días que estuvimos en Santiago no nos dieron los tiempos para recorrer y conocer la ciudad, ni siquiera para ir hasta las orillas del Océano Pacifico, que lo teníamos a tan solo 75km. Pero si de algo estamos seguros, es que si vas para Chile, te saldrán al encuentro viajero. Y veras como quieren en Chile, al amigo cuando es Forastero*.

 

*. Parece casualidad pero no lo es. Es un dicho muy popular en Chile, me lo han dicho cómo 6 personas distintas durante el viaje, y pertenece a un fragmento del vals compuesto por Chito Faró en 1942. Aquí más información

 

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