A menudo nos preguntan si no tenemos miedo a viajar, a estacionar el Forastero en una calle o en una estación de servicios, a que nos roben, a tener algún desperfecto mecánico en la ruta o, aun peor, algún problema de salud nosotros o las perras. Miedo a tener algún accidente en las rutas que están llenas de camiones, a los controles que quieran encontrarnos algún motivo para labrarnos una multa injusta. O la más temida, a quedarse sin dinero durante el viaje.

En fin, son muchos los miedos que están alrededor de la hermosa acción de viajar sin tiempo.

¿No tienen miedo a viajar?

miedo a viajar por que no hay que tenerle miedo
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Quienes sienten curiosidad por conocer si nos pasó algo grave durante el viaje, les decimos: ¡Toquen madera! La pata de la mesa o de la silla o algún mueble o sus propias cabezas, como hace Ale, porque la respuesta es NO.

Tuvimos situaciones “raras”, eso no lo vamos a negar y para nosotros son de esas historias que contamos con mucho suspenso.

Cuando estuvimos estacionados en la costanera del Rio Negro en Viedma vivimos una de las primeras anécdotas. Alrededor de las 3 de la mañana, nosotros ya descansando plácidamente, se estrelló una botella de vidrio contra el piso a pocos metros de la ventana de nuestra cama. Ale y Pioja saltaron asustados e intentaron despertarnos a mí y a Pumba para que estemos atentas. Imposible, somos de sueño profundo. Según pudo escuchar Ale se trató de un grupo de jóvenes que intentaron jugar al básquet con unas botellas y el tacho de basura que teníamos cerca.

Otra anécdota transcurrió en el paraje Le Marchand, en la ruta 3 yendo a Rio Gallegos. Cuando salimos de Piedra Buena tuvimos intención de visitar el Parque Nacional Monte León. Lamentablemente no pudimos (en esta publicación contamos bien el motivo) y con unas ráfagas de 120km/h tuvimos que seguir en la ruta hasta encontrar un lugar donde poder estacionar y esperar a que calme el gran viento patagónico.

El paraje es una playa de estacionamiento enorme con un hotel cerrado y dos surtidores de combustible vacios, bien de película de terror. Estuvimos solos toda la tarde, algo que nos pareció raro porque nos habían comentado que todos los camioneros aprovechan el espacio cuando se les hace tarde para pasar la frontera. Faltaban unos minutos para la medianoche cuando vimos que se acercaron dos autos, uno con las luces apagadas. El de las luces encendidas se fue en la misma dirección de la que vinieron. Durante unos minutos quedo ese auto parado sin movimientos. No había luz ni siquiera de la luna, no se veía ni a medio metro. Ahí nos asustamos. Nos hicimos lo que no vimos nada, apagamos las luces y simulamos que nos íbamos a dormir.

A los pocos minutos nos golpean la puerta del lado de Ale. Pioja y Pumba ladrando. ¿Qué hacemos? Y bueno, que sea lo que tenga que ser. Ale corrió la cortina y había uno de los hombres que le preguntó si tenía un destornillador para arreglar el auto. Agarró el que tenía a mano, me miró y me dijo “yo bajo, vos traba la puerta”. Nos dimos un beso como de despedida y descendió.

Al final resulto ser que el auto tenía problemas eléctricos y no cargaba la batería. Por esas cosas del destino nosotros teníamos unos cables pasa-corriente que nos había dado Sergio, hermano de Darío, que junto con Tory nos recibieron en Puerto Madryn y nos ayudaron cuando nos quedamos varados en Playa El Doradillo.

Lograr que el vehículo arranque se complicó y duró más de una hora, antes de irse ofrecieron pagarnos por la ayuda prestada y Ale les dijo “No hace falta, sólo te pido que la próxima vez que alguien necesite ayuda, vos lo hagas sin cobrarle”. Ellos siguieron camino y nosotros cosechamos una nueva historia para contar.

Playa El Doradillo, puerto madryn
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El Doradillo, hermoso lugar para disfrutar de todo menos para quedarte sin batería.

Otra anécdota fue en Bariloche, pasada la medianoche sentimos un ruido en una de las bauleras exteriores debajo de la cama. Pioja y Pumba empezaron a ladrar y no había nada que las calme. Nos fijamos por las ventanas y no veíamos a nadie. Creímos que podría haber sido un perro o gato y seguimos durmiendo. Al otro día nos fijamos y había signos de que quisieron forzar la puerta de la baulera. Siempre nos va a quedar la duda de si ese golpe ya lo teníamos o si esa noche hubo alguien que quiso robarnos.

Con respecto a los camiones en las rutas, teníamos mucho miedo y era entendible: no teníamos mucha experiencia en conducir y menos un vehículo como el Forastero. Pero poco a poco nos fuimos dando cuenta que los camioneros nos saludan, nos hacen luces, nos levantan las manos, nos tocan bocina. ¡Nos consideran uno de ellos!

En las estaciones de servicio siempre se nos acercan a hablar y hemos tenido hermosas charlas con ellos que nos han llenado de consejos que aprovechamos en diferentes momentos: cuando nos quedamos sin gasoil yendo a Punta Arenas Ale recordó que un camionero le explico cómo bombearlo manualmente si nos sucedía esto (aquí puedes leer esa historia).

Hay una anécdota muy divertida que ocurrió en Tres Arroyos pero la vamos a dejar para otra publicación. ¡Estate atento o suscríbete al blog para no perdértela!

Nosotros no tuvimos que ir de urgencia a ningún médico, salvo unos días que me dolió la muela de juicio y Ale estuvo afiebrado justo un día lluvioso que aprovechamos para descansar, pero en ningún caso fue necesario ir a un médico porque siempre nos cruzamos con personas de la profesión que nos recomendaron qué hacer.

Con Pioja y Pumba fue diferente. El segundo día tuvimos que salir corriendo a una veterinaria cuando Pioja se torció una de sus patas delanteras, con Pumba por una otitis y porque se comió 3 kilos de manzanas en menos de 24 horas y la última visita a una veterinaria fue en Mendoza donde Pioja ya mostraba signos de tener problemas en su columna.

Pero todo esto nos podría haber sucedido estando en Buenos Aires en nuestro departamento con nuestros trabajos y nuestra vida “normal”.

Imagino a los que sueñan con viajar y leen a diario a viajeros y sus historias y les da mucho miedo que les ocurra lo mismo o peor si se deciden salir. Después de haber escuchado a muchas personas contarnos los motivos por los cuales no se animan a viajar solo puedo decir que estoy convencida que lo mismo que nos sucede viajando nos puede suceder sin estar haciéndolo y a la inversa.

¿Acaso no puedes tener un accidente en la ciudad? ¿O que te roben? ¿Sentirte mal y tener que esperar 2 horas en la guardia de un hospital a que te atiendan?

Retomando la pregunta inicial, ¿no tienen miedo a viajar? Aquí va nuestra respuesta.

Creemos que lo que te tiene que suceder te va a suceder, estés en donde estés, haciendo lo que estés haciendo. Con esto no estamos diciendo que te metas en lugares dónde la mayoría te dice que es peligroso, como las selvas en Colombia por ejemplo, y sin embargo conocemos personas que lo han hecho y no les ha sucedido nada.

Lo que queremos decirte es que no tengas miedo a viajar. Que hacerlo no te expone a que te sucedan experiencias del estilo que contamos. Vivir te expone a esas situaciones, así que si lamentablemente te toca vivir alguna de estas circunstancias que te encuentre haciendo lo que te gustaría hacer en tu vida, como en nuestro caso, viajar. Pero esto aplica a cualquier sueño que quieras realizar.

Ahora que lo pienso debería cambiar el titulo de la publicación, en vez de:

“por qué no debes tener miedo a viajar”

Debería ser:

“por qué no debes tener miedo a vivir tu sueño”.

¿No lo crees así?

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