“La experiencia nos pegó un cachetazo de realidad”
(Alejandro Paredes)

Desde que contamos la decisión de viajar en bicicleta, siempre nos preguntan por qué cambiamos el motorhome por dos ruedas. Y esos segundos antes de responder, es normal repasar todo lo vivido: desde que compramos al Forastero y salimos en octubre 2012, pasando por todos los lugares que visitamos y las personas que conocimos y en el medio las situaciones que determinaron el cambio.

Para enumerar los motivos debemos volver unos meses atrás y recordar cuando volvimos a Buenos Aires a saludar a la familia y amigos antes de emprender el viaje hacia Alaska y decidimos hacer unos arreglos previo a continuar. Básicamente reparar las goteras, que era lo que considerábamos más importante y terminamos encontrando una situación desesperante: varios de los hierros estructurales estaban completamente oxidados o directamente no existían.

Tuvimos que poner manos a la obra y repararlo a pulmón ya que nuestro presupuesto no contemplaba este imprevisto. Al mismo tiempo, esos meses en que estuvimos “parados” nos hicieron pensar y reflexionar sobre la forma de viajar.

Luego de muchas idas y vueltas, de discusiones, de saber que no íbamos a seguir con el Forastero pero teniendo en mente formas diferentes de cómo continuar, finalmente logramos ponernos de acuerdo y elegir la bicicleta como próximo medio de transporte para viajar y cumplir nuestro sueño.

¿Qué fue lo que nos hizo reflexionar? ¿Cuáles fueron los puntos más graves?

Antes de continuar queremos aclarar que estos motivos son personales, muy nuestros. Por nada en el mundo queremos decir que viajar en motorhome es imposible o muy complicado, al contrario, nosotros hemos hecho más de 12 mil kilómetros con el Forastero y no nos arrepentimos.

Ya lo dijimos en la publicación sobre la zona de confort, somos conscientes que haber empezado a viajar en un vehículo que a la vez hizo de casa nos ayudó a que el cambio en el estilo de vida no fuera tan brusco.

Hay muchos, pero muchísimos viajeros que recorren el mundo entero en sus motorhome y nos parece espectacular. Cada historia es distinta porque cada protagonista es diferente. Y una misma situación a unos los fortalece, a otros los hace dudar y alguno abandonará el camino. En el medio entramos nosotros que decidimos cambiar.

Ahora sí, los motivos que intentan responder al por qué cambiamos el motorhome por viajar en bicicleta.

El tema que nos hizo mucho ruido a lo largo del viaje fue la parte económica. Sabemos que vivimos en un sistema capitalista que se rige por el dinero y que éste es necesario. Que no seamos millonarios o no tengamos grandes ahorros no nos frenó a la hora de querer cumplir nuestro sueño. De hecho, los meses previos nos rebuscamos de diferentes maneras para juntar dinero para el viaje (me acabo de dar cuenta que nunca lo contamos pero si lo hago ahora, me voy a ir por las ramas y Ale se enoja, así que lo dejo para otro texto).

Nosotros emprendimos el viaje con un presupuesto de $5.000 (pesos argentinos) y a los 800 kilómetros, en Bahía Blanca, tuvimos que pagar $3.500 para comprar una nueva batería al motorhome que se había roto.

El mismo día nos enteramos que teníamos dos neumáticos soplados (el caucho cede y la cámara tiende a querer salir para afuera o así lo entendí) y el auxilio no estaba en mejores condiciones. ¿Cómo lo resolvimos? Rotamos los neumáticos para que los que estaban en peores condiciones quedasen del lado interno en las duales traseras y las dos “mejores” (rescatables diría yo) adelante. Todo este movimiento nos dejo sin rueda de auxilio.

¿Pusieron el grito en el cielo? Más o menos como nuestras madres cuando se enteraron.

Si, lo admitimos, fue un riesgo muy grande. De hecho, viajamos así desde Bahía Blanca hasta Tierra del Fuego, donde gracias a la intervención de la familia de Sole y Damián logramos comprar dos neumáticos nuevos en 12 cuotas. Así y todo, seguimos sin auxilio porque los dos que cambiamos no servían para nada (shhh, no digan nada pero llegamos a Buenos Aires después de más de 12 mil kilómetros sin rueda de repuesto, si… así como leen).

Y si bien lo contamos con un final “feliz”, durante todo el viaje siempre estuvimos con esa luz roja alertando que en cualquier momento podríamos necesitar ese neumático de más y el dinero nunca alcanzaba ni para pagar la mitad de uno.

Cada ruta de ripio que agarramos, siempre el comentario inicial era “por favor, que no se pinche ninguna rueda”. Y para unos la adrenalina de vivir siempre al límite es fascinante, para nosotros nos empezó a agotar y a no permitirnos disfrutar 100% el viajar.

Ya sé lo que están pensando varios, que en bicicleta también se puede pinchar una rueda, incluso romper la cubierta y tener que comprar una nueva. Pero con la siguiente anécdota queremos explicar las “pequeñas” diferencias que encontramos.

La ruta de ripio en Chile que hace de unión entre Santa Cruz y Tierra del Fuego, la visita al parque nacional Torres del Paine sumando las partes de la Ruta Nacional Nº 40 que todavía están sin asfaltar hicieron que el Forastero se fuera desarmando poco a poco. Cada vez que llegábamos a destino teníamos tornillos en el piso y terminábamos buscando de donde podrían ser.

El tornillo que sujetaba el carburador al motor no fue la excepción. No se desajustó, se perdió directamente. Nos dimos cuenta en Bariloche y por suerte Raúl nos indicó donde comprarlo y él nos ayudo a repararlo. Ese tornillo con una goma “especial”, lástima que no tengo foto para mostrarles, nos costó $160 (precio en abril 2013). Hoy, octubre 2014 eso es lo que cuesta una cubierta nacional rodado 26 para una bicicleta.

Y ese es un ejemplo entre muchos más que encontramos haciendo comparaciones entre motorhome y viajar en bicicleta.

Resumiendo, nos molestó, nos incomodó, no nos gustó estar todos los días pendientes del dinero, la plata, la guita, la mosca, el billete, etc. Sin exagerar, el libro diario no nos deja mentir, anotábamos hasta el mínimo gasto en centavos y a la hora de hacer una compra lo evaluábamos como si estuviéramos hablando del plan económico de un país.

Nosotros para poder avanzar en el motorhome necesitábamos dinero para cargar combustible. Ya contamos los gastos del Forastero que, si los comparan con los nuestros (incluidas Pioja y Pumba) verán que nuestras ganancias, ya sea en la venta de artesanías o trabajos temporales, se repartía un 75% en el motorhome y el otro 25% para nosotros.

Otra situación que no nos hizo disfrutar al 100% fue el motor. El hecho de saber que teníamos problemas en los aros y que era algo que se agravaba con el andar nos ponía mal. Muchas veces las decisiones que tuvimos que tomar fueron en base al arreglo del motor.

¿Y nosotros? ¿Y nuestro sueño? Nos sentíamos ahogados. Estábamos cansados de estar tan preocupados por el vehículo y por el dinero que necesitábamos para viajar y avanzar.

Si bien el motorhome tenía todas las comodidades que uno pudiera pedir, nosotros no terminábamos de sentirnos cómodos viajando en el.

Y como dije más arriba, el hecho de estar “parados”, “quietos” nos hizo pensar y reflexionar.

Cuando el 7 de octubre de 2013, Jime y Andrés de La Vida de Viaje llegaron a La Quiaca, nos dimos cuenta que la frase que Ale les dijo en Ushuaia – “van a llegar ustedes antes que nosotros” – se convirtió en realidad.

Los chicos decían que no, cómo iban a llegar ellos primero, cómo viajar en bicicleta iba a ser más rápido que en motorhome. Y les explicamos que en esos  meses que ya llevábamos de viaje veíamos el trabajo que teníamos que hacer para conseguir el dinero para el combustible y poder avanzar. Muchas veces nos quedamos en lugares que no queríamos para poder trabajar o, a la inversa, nos teníamos que ir de sitios donde nos hubiéramos quedado días pero que el hecho de no tener forma de generar ingresos nos hacía movernos.

Y lo último, cuando empezamos a pensar en los gastos futuros, más que nada el cruce de Colombia a Panamá. Si bien fue un tema que siempre tuvimos presente, al preguntarnos decíamos que encontraríamos la forma de juntar el dinero para pagar el cruce.

Cuando averiguamos que por el tamaño del vehículo deberíamos desembolsar un suma alrededor de los cinco mil dólares (solo por el Forastero, después están los gastos nuestros y de las perras en avión o barco) lo primero que se me vino a la mente fue: “yo con esa plata hago Ushuaia – Alaska caminando unas cinco veces” y Ale agregó: “Mejor viajar en bicicleta”.

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A partir de esas frases, todos los días hablábamos del tema. Ale cada vez estaba más emocionado con la idea y yo que me negaba por negar (con el tiempo confesé porque yo no me imaginaba viajar en bicicleta pero ya sería demasiado detallar los por qué, también quedará para otro texto).

“La experiencia nos pegó un cachetazo de realidad” empezaría a decir Ale y significa que nosotros, por el tipo de viaje que imaginábamos, por la forma en que lo hicimos realidad, por los pro y contras, por el presupuesto y por las no ganas de tener que depender de juntar tanto dinero ya no veíamos al Forastero como la mejor forma de viajar.

Sabemos que en los otros tipos de viaje también se precisa dinero pero no es lo mismo juntar $200 vendiendo pulseras de macramé a $10 o $15 que tener que recaudar $1000 con esas mismas pulseras y que ese dinero represente en combustible unos 350 kilómetros (400 si es llano el camino) y a eso hay que agregar el seguro y rezar para que no haya imprevistos mecánicos.

Y así fue que decidimos cambiar el vehículo. Viajar en motorhome es hermoso pero necesitas tener un respaldo económico que nosotros no teníamos y no conseguimos tener. Yo a veces le digo a Ale que vamos a seguir cumpliendo el sueño del pibe de recorrer el mundo en casa rodante cuando seamos más grandes.

Ahora probaremos que es esto de viajar en bicicleta. ¿Se avanza más lento? Sí, pero se avanza. Con intentar no perdemos nada. Total, ¿quién nos quita lo viajado y lo vivido?

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