A veces pensamos que no fue el verdadero comienzo del viaje, porque nosotros empezamos a viajar mucho antes,  cuando decidimos la fecha de partida, cuando pensábamos en qué viajar, cuando comenzamos a vender las cosas, desarmar nuestro departamento y armar la casa rodante, buscar cómo solventarnos, leer a otros viajeros para darnos aliento,etc.

Entonces vamos a cambiar un poco el discurso.

Hoy se cumple un año desde que Ale puso primera en el Forastero y salimos, en lo que nosotros llamábamos en ese momento, “de viaje”. La fecha un poco nos duele por no estar viajando, pero también tenemos que aprender de estos meses que no estamos en las rutas (intentamos no morir de un ataque de ansiedad), porque de algo estamos seguros: no somos los mismos que nos fuimos. Y cuando pensamos qué fueron las personas o situaciones que hicieron que cambiemos nos acordamos de esto:


Los primeros  treinta días fueron extraños, no sabíamos bien que nos pasaba. Estábamos entre sentirnos de vacaciones y darnos cuenta que era algo más que un periodo de ocio. Ale fue aprendiendo de a poco, y a los golpes, lo básico sobre cómo manejar un camión,
“de una moto a un camión, yo estoy loco” repetía continuamente y  yo con nervios, no es para menos, por ser la copiloto inexperta de un piloto aprendiz. Eran muy seguidas las discusiones, que “guíame ahí” o “decime sí por ahí paso” y yo que vivía con la angustia a flor de piel.

Descubriendo espacios dentro del motorhome, para nosotros y para las cosas, ordenando lo que se desordeno el día anterior a irnos, cuando metimos todo así nomas porque nos queríamos ir cuanto antes. A mí me daba miedo la garrafa, abrirla o cerrarla, y prender el horno también. Y las peleas que teníamos a la hora de tener que subirlo a tacos para que quede nivelado y la heladera enfríe bien. ¡Cómo olvidarlo!

 


Como ya contamos en varias oportunidades, empezaron aparecer los problemas: la batería que alimenta la luz y la bomba de agua se descargaba muy rápido, que al bañarnos el agua salía fría, que si llovía entraba agua por el ventiluz, por una ventana de atrás y también si no cerrábamos las rejillas por donde respira la heladera. En fin, el Forastero bajo una tormenta se convertía (y a la fecha se convierte) en Venecia sobre ruedas.

Y no nos olvidamos que al tercer día descubrimos que, habiendo recorrido 200kms, el nivel de gasoil seguía indicando que estaba lleno. “¿Pero cómo? ¡Si hasta antes de salir funcionaba!”. Fuimos a un electricista que nos recomendó el policía del control que nos detuvo por no llevar las luces bajas puestas (si, increíble… pero juramos que nunca más nos olvidamos de encenderlas) y nos dijo que debíamos bajar el tanque para poder solucionarlo. ¿Qué hacemos? Sigamos, vamos sumando y restando como hacen otros viajeros. Parece que es el “karma” de los viajeros en vehículos de edad avanzada.

 

Ale y las Tuchis paseando en la playa de Bahia San Blas
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Ale y las Tuchis paseando en la playa de Bahia San Blas

El primer mes recorrimos localidades de la provincia de Buenos Aires: San Miguel del Monte, Las Flores, Rauch (donde tuvimos nuestra primera experiencia vendiendo artesanías en la plaza principal), Tandil, Balcarce, Mar Chiquita, Miramar, Necochea, Balneario San Cayetano (la tarde que nos quedamos encajados en un médano y usamos la función “4X4” del Fora), Orense, Tres Arroyos, Coronel Dorrego (ahí tuvimos que usar nuestra “viveza criolla” para poder vender en la Fiesta de las Llanuras, y lo logramos!), llegar a mi Bahía Blanca natal el día de mi cumpleaños, Stroeder y los 60 kilómetros de ripio serrucho a Bahía San Blas.

 

Fue intenso. Con una mezcla enorme de diferentes sentimientos. Habíamos pasado por muchas pruebas. ¿Cuál fue la más difícil? No sabemos bien. Creemos que fue en Bahía Blanca donde tuvimos que invertir el 75% de nuestro presupuesto en la batería del motorhome. Así como leen, en menos de 1000 kilómetros ya nos habíamos quedado casi sin presupuesto. Sumado a que debimos usar nuestro neumático de auxilio y no teníamos cómo arreglar y reponerlo. Pero nunca dudamos en parar, ya íbamos a encontrar la manera.

El segundo mes lo inauguramos visitando la provincia de Rio Negro. Llegamos a Viedma un lunes a la tarde creyendo que pasaríamos la noche y no fue hasta la otra semana que nos despedimos de esa hermosa ciudad. Y ahí empezamos a darnos cuenta que no podíamos hacer planes, que día a día se va dando todo lo que tenga que suceder.

Uno de los motivos por los que nos quedamos en Viedma fue porque nos invitaron a realizar el bautismo de Kayak en el Rio Negro
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Uno de los motivos por los que nos quedamos en Viedma fue porque
nos invitaron a realizar el bautismo de Kayak en el Rio Negro

 

Aunque no lo crean, esta es la mejor foto que tengo de mi bautizo de kayak
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Aunque no lo crean, esta es la mejor foto que tengo de mi bautizo de kayak

Si creíamos que el tema de la batería era lo peor y lo último que nos iba a suceder, estábamos realmente equivocados. El dueño anterior nos había dejado escrito que el consumo de aceite debía ser de 1 litro cada 1000 kilómetros aproximadamente y nosotros, según nuestros cálculos y anotaciones, habíamos consumido un poco más de 2 litros y medio en esa distancia.

Alguien que nos escucho hablar nos trajo a su mecánico de confianza para ver que podía ser. ¿Y qué va a ser? ¡El motor! Sí señores…el veredicto fue un problema de aros, en principio. Pero claro, no estábamos en condiciones económicas de repararlo. Preguntamos si podíamos seguir así y nos dijeron “que mientras que no le falte agua y aceite no iba haber problema”.

En los nuevos 30 días de esta aventura visitamos San Antonio Oeste, Las Grutas, dormimos en una estación de servicios solitaria en la ruta hacia Sierra Grande, estuvimos en Puerto Madryn (la ciudad inspiradora) y también en Playa El Doradillo, no sabíamos si ir a Rawson o Trelew y terminamos en el Dique Florentino Ameghino. El viento patagónico nos dejó en la estación de servicios de Garayalde un día y medio y nos hizo seguir de largo Comodoro Rivadavia para llegar a la hermosa Rada Tilly.

 

Playa El Doradillo, 4 días-3 noches, 100% naturaleza.
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Playa El Doradillo, 4 días-3 noches, 100% naturaleza.

Seguíamos aprendiendo que estábamos embarcados en una rutina de la no rutina. Bastaba para que digamos “tal día estamos en” para que todo se complote en que suceda lo inverso. ¿Está bueno? Convengamos que si te pasan estos contratiempos en unas vacaciones con los días contados es tomado de la peor manera, pero en nuestro caso donde no tenemos tiempo, debemos aprender a relajarnos.

En Rada Tilly cuando hablábamos de esto con una familia y el padre nos pregunto si éramos personas de dinero y el hijo le contestó: “papá, ellos son millonarios de tiempo, no de plata”. Y eso nos iluminó para siempre.

 

Todavía seguíamos mareados por cómo se iba sucediendo todo. Poco a poco íbamos creciendo e incorporando todo lo que nos tocaba vivir. Íbamos desarrollando esta nueva vida.

En el tercer mes llegamos a la provincia de Santa Cruz. A medida que encontrábamos problemas, atrás había enseñanzas. Algunas difíciles de interiorizar en lo inmediato, somos personas en proceso continuo de aprendizaje y las situaciones adversas uno las trata de llevar como puede.  Especialmente cuando la mayoría son circunstancias nuevas y uno las ve con “los ojos del ayer”. 

 

 

Hicimos varios itinerarios para ver en que fecha llegar a Rio Gallegos, cuando pasar a Tierra del Fuego, que no nos convenía hacerlo muy cerca de las fiestas y podíamos pasar y lo que no, qué trámites debíamos hacer para que Pioja y Pumba puedan pasar la frontera con Chile. Todo mientras visitamos Caleta Olivia, Puerto San Julián, Comandante Luis Piedra Buena (donde aprendimos qué es el destellador, para qué sirve y a dónde está en el tablero), con una ráfaga de 120km/h el viento nos hizo detenernos en el Paraje Le Marchand y usar las pinzas para pasar batería, que tanto hubiéramos precisado en el Doradillo, y así comenzamos a girar una rueda mágica, la de dar y recibir sin nada a cambio.

La primera vez que entrabamos a otro país, que pasábamos un estrecho en balsa, que transitábamos por una ruta de 170km de ripio horrible, que Ale manejaba de noche y luego de 11 horas llegábamos a Rio Grande, en Tierra del Fuego.

Otra vez, todos los planes que podíamos imaginar fueron transformados en realidades nunca pensadas.  Entre ellos, querer salir rumbo a Ushuaia el último día del año después del mediodía y encontrar un neumático totalmente desinflado. Pero lo lindo del camino es encontrar personas que creen en sueños y aportan su granito de arena para que se cumplan. ¿Recuerdan que en Bahía Blanca nos quedamos sin auxilio? Así llegamos hasta la isla y fue una sorpresa de año nuevo que nos regalen un neumático que tenían de más en la gomería. Ah! Y que no nos cobren más que un champagne para la noche.

 

Dejamos atrás el primer trimestre, y llegamos a Ushuaia y al final de la ruta 3 el primer día del año.

 

¡Así inaugurábamos el 2013! 

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Este relato tiene una segunda parte que podés leer AQUÍ

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