Este relato tiene una primera parte que te recomendamos leer antes.

Hacelo AQUI

Cuarto mes de viaje ¿Qué nos espera? En principio, dejar atrás la isla de Tierra del Fuego… ¿pero vamos directo a Santa Cruz o visitamos las localidades de Chile? Y así fue que todo se dio para que terminemos en Punta Arenas, pero antes visitamos Tolhuin  y regresamos a Rio Grande para despedirnos de toda la linda gente que conocimos.

 

Días de mucha reflexión sobre el viaje, sobre nuestra pareja, sobre nuestro futuro. Es que, si bien llevábamos 6 años de pareja cuando partimos, el viaje fue reencontrarnos como personas, como pareja. No solo estábamos formando una nueva vida, sino una nueva pareja. Y esto, como todo, tiene sus cosas buenas y malas. Pero el amor es más fuerte dice la canción.

El soñar tiene que estar acompañado del creer, del creer que se va a lograr lo que uno sueña.
 Y Ale soñó ingresar al Parque Torres del Paine a pesar del alto costo de su entrada, 36 dólares cada una y solo teníamos 10 dólares que nos había regalado un estadounidense en Puerto Madryn, y ni las cien peleas que tuvimos ni los kilómetros de mas que hicimos al perdernos y que amenazaban con dejarnos sin gasoil en el medio de la nada ni quedarnos afuera con las llaves puestas lo frenaron. Llegamos a la entrada y se bajo sabiendo que íbamos a entrar. Y así fue, el guardaparque salió a recibirnos y luego de que Ale le dijera la verdad “no tenemos dinero pero es nuestro sueño entrar y conocer el parque”, teníamos un pase libre por tres días. Y para completar, en el tramo del parque donde solo hay campings privados para pernoctar nos sorprendió una tormenta, y otra vez diciendo la verdad nos dejaron pasar la noche sin cobrarnos.

 

A orillas de la Laguna Amarga con las Torres del Paine detras.
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A orillas de la Laguna Amarga con las Torres del Paine detrás.

Nos fuimos de Chile, despedimos el cuarto mes del viaje, con una alegría en el corazón difícil de explicar. ¿Cómo explicar que nos van tapando la boca? ¿Qué uno sale con miedos y solo cruzas personas buenas que te regalan su sonrisa y te dan la mano? ¿Cómo hacer para parar si siento que cuando decaigo tengo que seguir por todos aquellos que creyeron en nosotros?

Empezando el quinto mes de viaje entramos a Argentina y llegamos a Rio Turbio. Estábamos apurados porque ingresamos cuando nos quedaba un día para que se nos vencieran las licencias de conducir, por eso la idea era llegar rápido a El Calafate, donde creímos que siguiendo con la nueva filosofía de decir la verdad iba a suceder lo que esperábamos y no, nos encontramos con una pared, alta. Días de mucha angustia. ¿Qué hacemos? ¿Cómo saltamos este obstáculo? ¡Con imaginación! ¡Así es! Y lo saltamos, alto. Casi record mundial, para nosotros obvio. Y disfrutamos del Glaciar Perito Moreno y de la naturaleza del Lago Roca junto con nuestros amigos de ruta, Jime y Andres.

Otro lugar mágico nos quedaba por conocer en la provincia: El Chalten. Lo más lindo del lugar es la falta de señal de celular y el costoso acceso a internet. Sí, nos desconectamos totalmente para conectarnos con nosotros. Para bien y para mal. Porque otra vez surgieron complicaciones y no nos agarraron con las defensas altas. El problema del motor iba incrementando, el promedio de consumo de aceite era de 1 litro cada 300 kilómetros, seguíamos sin auxilio y cada vez que económicamente creíamos que nos iba bien, algo pasaba para que el dinero se volara y nos dejara al extremo.

 

Así recibimos el sexto mes, con los nervios y ansiedad en grande dosis porque el hecho de estar haciendo malabares con el dinero nos tenía muy preocupados. Pasamos la noche en Tres Lagos y luego emprendimos un nuevo trayecto duro, la ruta 40 todavía de ripio hasta Gobernador Gregores.  En el punto donde se encuentra la estancia la Siberia cruzamos una pareja haciendo dedo, paramos o eso quisimos. Descubrimos que no teníamos frenos (ninguno de los dos, ni pedal ni de mano) así que debimos esperar a que nos quedemos sin envión para levantarlos.

 

Llegamos sanos y salvos a Gdor Gregores con 40 pesos, ¼ de tanque de gasoil y sin frenos. La lista de inconvenientes mecánicos iba creciendo al igual que la lista de localidades que nos denegaban el permiso para vender artesanías. ¿Qué hacemos? ¿Sentarnos y esperar? Sí, eso tenemos que aprender a hacer. Porque la noche que no sabíamos que íbamos a comer se apareció una señora que nos regaló la cena, al otro día coincidimos con la familia Lequetan que también viajan en un motor home como el nuestro  y que, ¿casualmente? el señor sabía como arreglar ambos frenos.  ¿Qué más podíamos pedir? ¡Que nos dejen trabajar así poder seguir! Y así surgió la posibilidad de vender en un evento privado que se iba a dar el fin de semana siguiente. No solo sumamos problemas, sino soluciones para resolverlos.

 

Seguimos viaje, pasamos por Bajo Caracoles, conocimos La Cueva de las Manos, llegamos a la localidad de Perito Moreno y Los Antiguos, quisimos ingresar a Chile para hacer parte de la carretera austral pero un tema burocrático con la vacuna de una de las perras nos lo impidió. Volvimos a estar en rutas chubutenses,

Ale empezó su cumpleaños en Rio Mayo y después de un viaje de 8 horas, pasando por Gobernador Costa para almorzar, lo termino festejando en Esquel. De ahí nos fuimos a Trevelin y luego a Villa Futalaufquen para ingresar al Parque Nacional Los Alerces. Ya estaba terminado nuestro sexto mes de viaje mientras conocíamos Epuyen y llegábamos a El Bolsón, la tierra del artesano.

Increíble estar ahí, sentada en la feria pero del otro lado. Pensar que siempre me gustaron las ferias artesanales, ir y recorrerlas, chusmear todos los puestos, uno por uno y ahora estaba ahí, del otro lado, haciendo y vendiendo artesanías.

Séptimo mes, y volvían las dudas, que hacemos. Nunca nos faltaba el dinero pero siempre estábamos al límite, los problemas mecánicos empeoraban como para sumar más acción. Y, si bien comenzaba el otoño, en esa zona era un invierno para nosotros. ¿Qué vamos a hacer cuando las rutas tengan hielo? ¿Vamos a pasar el invierno dentro del motor home que no tiene calefacción ni aislación? Dudas y más dudas pero teníamos que tomar una decisión.

Descansamos en Lago Puelo y fuimos a Bariloche con una idea en la cabeza, buscar la forma de pasar el invierno allí y hacer temporada, después arreglar el Forastero y continuar.  Pero, seguíamos sin entender que lo nuestro no es hacer planes.

 

Lago Menendez, P.N. Los Alerces
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Lago Menendez, P.N. Los Alerces

Y por motivos varios quedo descartado hacer temporada en la zona. ¿Entonces? Y Buenos Aires empezaba a sonar cada vez más fuerte. ¡NO! ¡NO QUEREMOS! Pero si, sonó fuerte y se apodero del primer lugar de la lista.

De todas formas, fiel a lo que nos decía el corazón, íbamos a seguir viajando. Era pecado partir sin recorrer la ruta de los 7 lagos, por ejemplo. Así que de Bariloche fuimos a Villa La Angostura, donde confirmamos que no todo lo que brilla es oro, nos desviamos a Villa Traful para llegar a San Martin de los Andes. Que si, que no, que necesitamos juntar buena cantidad de dinero para reparar el motor y arreglar el resto, que Buenos Aires, que Neuquén, que Mendoza y apareció Santiago de Chile. ¿Cómo? Por culpa de Franco, nuestro amigo de Rutas Salvajes. Una vez que lo pusimos como posibilidad se fueron abriendo todas las puertas. Luego de una parada por Junín de los Andes para hacer los trámites de ingresos de las tuchis y de conocer al Volcán Lanin, entramos nuevamente a Chile cuando cumplíamos 8 meses de viaje.

Ese mes si que fue intenso, sobre todo para Ale que tuvo que volver al ritmo de un trabajo fijo. Estar en otro país, con otra cultura, otra forma de hablar, otra forma de creer. Y logramos adaptarnos bastante bien y nos cruzamos siempre con personas que nos ayudaron y nos dieron aliento para seguir. Conseguimos recaudar el dinero, ahora nos faltaba encontrar donde reparar el motor. Y eso apareció también: San Juan.

Así que, entrando en el noveno mes cruzamos el paso internacional Cristo Redentor (a pesar de los malos augurios que nos decían) y volvimos a Argentina sabiendo que nos esperaban los mecanicos.

Pero antes visitaríamos a nuestros amigos de Mendoza que nos esperaban hacia tiempo. Nos dolió no poder disfrutar como nos gustaría los paisajes hermosos de esta provincia, pero el Forastero nos pedía por favor que nos apuremos, que él no nos iba a dejar tirados pero que tampoco abusemos. Por eso solo conocimos Uspallata, Potrerillos, Godoy Cruz y Guayamallen.

 


Llegamos a San Juan, al taller mecánico de los Carletta, solo habíamos hablado por teléfono. Nos recomendaron este taller Sofi y Diego de Sueño Sureño porque ellos tuvieron una hermosa experiencia, al igual que nosotros, que llegamos pensando que éramos clientes y nos recibieron y trataron como parte de la familia. Si, así tal cual como les decimos. Cuando terminamos de hablar del tema Forastero y confirmamos el arreglo en el taller, Chuli lo primero que nos dijo es que tenía una habitación donde podíamos estar y que su casa también era nuestra casa. Y así fue, incluso Graciela, una genia, que se preocupaba todo el tiempo por cual comida podía preparar sin carne y que yo coma.

 

Y de ahí, la historia ya la conocen: volvimos a Buenos Aires a visitar a la familia y amigos, terminar unos trámites personales y a 10 días de salir Pioja, una de nuestras perras, sufrió una parálisis de las patas traseras a causa de una hernia de disco a mitad de la columna. Quedó todo en pausa, lo que teníamos pendiente de hacer, todo de todo aguardando a que ella se recupere para poder volver a salir a cumplir nuestro sueño de unir Buenos Aires – Ushuaia – Alaska.

Hoy hace 1 año de ese día que Ale puso primera en el Forastero y subimos a la autopista rumbo a San Miguel del Monte y fueron 9 meses donde nació una nueva vida, una forma de vivir.

 

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