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Este blog de viajes y aventuras lo hacemos porque creemos que lo mejor de viajar (y también de vivir) es poder compartir.

Nació de la idea de escribir un diario de viaje para un futuro y nos dimos cuenta que también queríamos hacerlo para el presente, el día a día.

Para conocer un poco más de nosotros, visitá la sección “Quiénes Somos

 

Todo empezó en el año 2006 cuando nos conocimos con Ale. Nuestra historia de amor es muy particular (como todas). Él me planteó, a los tres meses de relación, que quería cumplir su sueño de viajar en moto, que antes de conocerme tenía el plan que a los 25 años se iría a recorrer América.

Tuvo que esperar varios años hasta que yo me animará a confiar en mi, en nosotros, en el destino y me lanzará a esta gran aventura. No fue fácil pero hoy no me arrepiento de nada.

Hubo un mapa que se encargó de que nuestro rumbo cambiara.

 

2012

A principio de año decidimos hacerle caso a la brisa y soñar con recorrer América. No íbamos a viajar solos, lo haríamos acompañados por Pioja y Pumba.

Luego de analizar varias opciones, elegimos viajar en un motorhome que bautizamos, El Forastero.

La fecha que escogimos para salir fue el 21 de septiembre de ese año. La elección no fue al azar, si no que representa un aniversario de nuestra pareja, además del día de la primavera en este hemisferio.

Al final, fue el 2 de octubre el día que pusimos primera y comenzamos este gran viaje por las rutas del mundo.

Durante el mes de octubre estuvimos recorriendo la provincia de Buenos Aires por la Ruta Nacional 3 y otras rutas provinciales y con los primeros días sentíamos que ya habíamos vivido tanto en tan poco.

También empezamos a percibir que este no iba a ser solo un viaje, si no un nuevo estilo de vida que adoptaríamos por mucho tiempo.

En noviembre y diciembre conocimos la Patagonia a lo largo de la Ruta 3 y cruzamos la primera frontera con Chile hasta llegar a Ushuaia el 31 de diciembre y comenzar el año en el fin del mundo.

 

2013

El nuevo año nos encontró dando los últimos pasos en la Isla de Tierra del Fuego y con el primer cambio de rumbo. En vez de volver a Argentina de forma directa, iríamos a visitar el sur de Chile.

También aprendimos a confiar y creer en lo que soñamos y, de esta forma, logramos ingresar al Parque Torres del Paine y maravillarnos con tanto regalo de la naturaleza.

En febrero ingresamos a Argentina por Río Turbio y llegamos hasta El Calafate para visitar el Parque Nacional Los Glaciares, quedarnos con la boca abierta viendo el Glaciar Perito Moreno y luego pasar unos días en el Lago Roca.

Tomamos la Ruta 40 y el siguiente destino fue El Chalten con su imponente cerro Fitz Roy vigilando desde lo alto. Pasamos más de 15 días disfrutando en el pueblo, lo que nos dio la posibilidad de apreciarlo sin nubes con el sol dibujando en su pared, con luz de luna, con nubes blancas, con nubes negras.

Seguimos por la provincia de Santa Cruz y estuvimos en La Cueva de las Manos, Patrominio Cultural de la Humanidad. La última localidad que visitamos fue Los Antiguos.

En Chubut recorrimos la localidad de Esquel y de Trevelín, el Parque Nacional Los Alerces y nos despedimos visitando Epuyen.

Cuando estuvimos en Río Negro terminamos de darnos cuenta que viajar es algo más que lugares y paisajes, que las personas con las que nos cruzamos y compartimos son las que dejan una huella en nuestro camino y las que determinan lo que apreciamos de un lugar, porque son ellas las que lo hacen.

Neuquén nos recibió en un momento que teníamos que tomar una decisión teniendo muchas dudas y varias alternativas con respecto a los problemas mecánicos del motorhome.

De todas formas, fieles a lo que nos dicta nuestro corazón, seguimos viajando y regalándonos paisajes difíciles de describir con palabras, como los que se aprecian en la Ruta de los siete lagos.

Teóricamente en Bariloche habíamos decidido volver a Buenos Aires, pero cuando llegamos a San Martin de los Andes nuestro rumbo cambió nuevamente y el Forastero se convirtió en nuestro caballo blanco y cruzamos la cordillera de los Andes para probar suerte en Chile.

Estuvimos un mes en Santiago de Chile trabajando para recaudar dinero y arreglar los problemas mecánicos que acarreábamos y no nos permitían viajar tranquilos.

Durante 30 días fuimos Forasteros en Chile y la experiencia fue increíble en todos los aspectos.

De vuelta en Argentina, recorrimos muy rápido la provincia de Mendoza y fuimos directo a San Juan a un taller mecánico que nos recomendaron y quienes nos estaban esperando.

Una vez resuelto un parte de las complicaciones que teníamos, podíamos seguir pero decidimos volver a Buenos Aires a saludar a la familia y amigos antes de continuar el viaje más al norte.

Si bien fue una decisión difícil, al haber llegado y visto la sonrisa de nuestras madres, entendimos el por qué teníamos que volver luego de nueve meses de viaje.

Aprovecharíamos la estadía en Buenos Aires para terminar de reparar todo y volver a las rutas. De todas formas, la ansiedad por viajar nos ganó y una lesión en la columna de Pioja nos obligó a quedarnos un tiempo más y aprender a respetar los tiempos.

2014

Luego de tres meses, a principio del 2014, volvimos al Forastero y sentimos que lo mejor era arreglar los temas más graves antes de volver a la ruta. El resultado fue encontrar que el motorhome necesitaba de forma urgente ser desmantelado.

¿Qué hicimos? ¡Arreglarlo! Para nosotros, en ese momento, era nuestra casa y así como en cualquier hogar se rompe un caño y se arregla, nosotros teníamos que hacer lo mismo.

A medida que íbamos progresando, fuimos descubriendo sorpresas: reparábamos una cosa, se rompían dos y así todos los días encontrábamos algo nuevo. Pero sabíamos que poco a poco se avanza y que volveríamos a viajar tarde o temprano.

Pero todo el tiempo que estuvimos en Buenos Aires nos ayudó a reflexionar de por qué no estábamos viajando.

¿Qué nos está frenando? El Forastero. Si, nuestra casa, nuestro hogar.

¿Qué decidimos? Seguir viajando pero en bicicleta.

El por qué cambiamos viajar en motorhome por viajar en bicicleta tuvo que ver con los cambios que nosotros experimentamos durante los nueves meses de viaje.

Cambios en nuestra zona de confort, en la forma de ver y actuar frentes a los “problemas” cotidianos. Viajar te cambia, nunca volves igual después de haber viajado.

Luego de habernos despedido, sabiendo que más que un adiós fue un “Hasta Siempre Forastero”, comenzamos a proyectar el nuevo viaje.

Y en los preparativos del primer viaje en bicicleta aparecieron varios miedos y dudas. Era una situación normal si tenemos en cuenta que ambos hacía más de 15 años que no andábamos en bicicleta.

Que hoy, que mañana y al final un viernes 17 de octubre fue el primer día que nos subimos a las bicicletas y comenzábamos a viajar a fuerza de pedal.

Ese día estuvimos rodeados de un montón de sensaciones y emociones que nos hicieron reflexionar sobre lo importante que es animarse a dar el primer paso y salir y cómo nos gustaría alentar a que todos lo hagan (no solo para viajar, sino para lo que les guste hacer de su vida).

Pero lo que más nos gusto fue el dejar que el camino nos sorprenda. Los primeros días no podíamos salir del asombro por todo lo que estábamos viviendo.

El quinto día en la ruta nos encontró festejando mi cumpleaños y al sexto la ruta nos concedió y cumplió uno de los tantos deseos que pedimos.

A medida que avanzamos fuimos buscando un equilibrio, no para poder andar en bicicleta, si no para la vida misma. Aprender a no enojarnos con las situaciones que no salen como queremos porque al final siempre es “una de cal, una de arena”. Como si a mayor esfuerzo, mayor la recompensa al final.

Despidiendonos de la provincia de Buenos Aires, encontramos un pueblo de grandes corazones con mucha música y mágica: Ameghino.

Recorrimos La Pampa y San Luis y nuestros días estuvieron marcados entre el calor y el viento en contra. Pero eso no nos prohibió poder disfrutar del camino.

El ingreso a Mendoza estuvo marcado por una ruta de más de 100 kilómetros donde todos nos dijeron que no había nada y a nosotros nos sucedió de todo.

Pero lo que más nos marcó fue ver como una cadena iba creciendo día a día, no solo una cadena de favores, sino de amigos que íbamos conociendo en el camino.

En el sur de Mendoza aprovechamos para recorrer el Valle Grande, Cañón del Atuel y El Nihuil. Fueron siete días de pura acción y aventura.

Luego de un largo camino hacia Mendoza, llegamos y cumplimos con nuestro primer objetivo. Cuando salimos dijimos que una vez que llegáramos, decidiríamos por dónde seguir.

 

2015

Y así fue que ganó la idea de recorrer Chile. Pero las cosas no salen siempre como uno imagina y tuvimos el cruce de cordillera menos pensado.

A pesar de todo, llegamos a Chile y vivimos la experiencia de ser forasteros otra vez.

Una de las cosas que queríamos era conocer el Oceano Pacifico, pero fue un camino largo, y lleno de experiencias magnificas, el que tuvimos que recorrer para poder llegar.

Seguimos viajando por la Ruta del Mar y nos pasaron situaciones increíbles. Una tras otra que nos alimentaban el corazón a diario.

Al llegar a Papudo, vivimos varios encuentros, recuerdos y disfrutamos de unos días al aire libre.

Al ingresar a la Cuarta Región, Chile nos seguía sorprendiendo. ¿Cómo no volverse adicto a esta forma de vivir?

Pero un llamado desde Buenos Aires nos hizo poner pausa en el viaje y tener que volver para resolver unos problemas personales.

¿Cómo volvimos? ¡A dedo! ¡Si, y con Pioja y Pumba!

Y como viajar sin tiempo (o con todo el tiempo el mundo) nos permite cambiar de rumbo, como si la voz de un GPS nos estuviera diciendo “recalculando”, modificamos nuestro viaje.

No seguiríamos viajando por Chile sino que trajimos las cosas a Buenos Aires y comenzamos una nueva etapa que incluirá recorrer Uruguay y Brasil hasta las Cataratas del Iguazú.

¿Después? ¡Ya veremos!

 

Ultima actualización: 25/05/2015