Hoy compartiremos la historia del gatito o “el toga” que viaja con nosotros.

¿Cómo que cual? El gato dorado que mueve el brazo todo el tiempo.

¡Si! Ese que lo ven en varios negocios y locales y que dicen que es para la buena suerte.

Todo empezó cuando decidimos emprender esta vida de viaje. Con Ale habíamos invertido nuestros ahorros en un fondo de comercio que él manejaría y atendería: un maxikiosco, cyber, locutorio, en fin, un poli rubro. Lo pusimos a la venta para poder comprar el motorhome. Pasaban las semanas, desfilaban posibles compradores pero nada. A todo esto, nosotros ya habíamos encontrado al Forastero y, si bien los dueños anteriores nos habían dicho que esperaban a que contaramos con el dinero, queríamos que fuera nuestro lo antes posible.

 

Un fin de semana paseando por el barrio chino (queda en Barrancas de Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires) pasé por un negocio donde había un montón de esos gatos dorados que movían sus brazos. Entré y pregunté para qué eran y el señor oriental me respondió “ayuda a atraer clientes y ventas a los negocios, buena suerte siempre”. No se si fue porque era parecido al señor Miyagi pero creí en él y compré uno para el kiosco. Cuando Ale llega de trabajar le muestro el regalo para nosotros y para el sueño.

¡La cara que puso cuando le dije para qué serviría!

Al otro día me llama indignado que el “coso” dorado no movía el brazo, qué no funcionaba y me habían estafado. Algo raro porque yo lo probé antes de comprar y antes de dárselo. Lo trajo a casa y vaya sorpresa cuando el gato empezó a mover su brazo.

Nos pusimos averiguar un poco por internet y leímos que si el gatito no estaba a gusto con el lugar no movía el brazo, entonces, y ya que lo teniamos pendiente, decidimos hacer unas modificaciones en el local. Parece que era verdad por que después de las reformas no paraba de mover su brazo y de entrar cada vez más clientes. A los días nos enteramos que la estación de servicios que teníamos de vecinos, y con quien competíamos por los clientes, iba a cerrar definitivamente. Es decir, se incrementarían las ventas. ¡Pero nosotros queríamos que se venda el fondo de comercio!

Un día, cuando Ale estaba cansado de recibir personas y explicar una y otra vez cómo se maneja un maxikiosco, lo apuntó con el dedo y mirando con cara de pocos amigos le dijo: “Toga, si haces que se venda el kiosco te llevo hasta Alaska”

¿Y qué fue lo que pasó?

Ese mismo día vino una pareja y a la semana estabamos cerrando trato y comprando el Forastero. Si, así como leen. ¿Magia? ¿Casualidad? ¿Destino? Todo eso y en ese orden. Ahora ya conocen el motivo por el cual viajamos con un gatito dorado que mueve el brazo en el tablero. Siempre nos fijamos que no le falten las pilas pero debemos reconocer que de noche el ruidito del movimiento continuo es molesto y hay veces que lo silenciamos.

Pueden llamarnos supersticiosos, cabuleros o como quieran.

Pero ante la duda, este gato viene con nosotros hasta Alaska.

¿Queres conocer más sobre la historia del gatito de la suerte? Podes ver este video que encontramos en youtube:

http://www.youtube.com/watch?v=ts4Wj34kHaQ&feature=player_embedded

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