Es algo que lo saben todos. Las mujeres y los baños públicos no nos llevamos bien. Incluso hay quienes son capaces de poner en riesgo su salud con tal de no entrar a uno.

Desde pequeñas nos trauman. Que no te apoyes, que no te toques, que te laves antes, durante y después. Que siempre lleves papel y no uses el que te da la señora. Que empapelar todo el inodoro. Que hacer toda clase de posiciones para no tocar nada.

No me extraña porqué siempre hay filas largas en los baños públicos de mujeres. Siempre. Y comprobé que en otros países es igual.

Así cómo me preguntan cómo hago con la menstruación cuando estoy viajando, lo mismo sucede pero con el tema de ir al baño. Más con los viajes en bicicleta.

“¿Pero cómo haces si queres ir y estás en el medio de la ruta?” “¿Y si no encontrás un arbusto copado?” “¿No te da miedo que (insertar las más ocurrentes enfermedades)?”

Admito que los primeros días viajando en bici buscaba ese arbusto o arbolito copado. Era toda una estrategia y todo un circo poder hacer mis necesidades en ruta. Hasta que un día iban pasando los kilómetros y sin encontrar un lugar me hicieron cambiar de actitud (o no me quedó otra).

Muchas rutas no tienen arbusto ni arbolito copado. ¡Pero ahora ya no me importa! 🙂

 

No estoy diciendo que lo hacía sin taparme como si fuera una exhibicionista. No. Pero ya no me preocupaba si pasaba un vehículo y se daba cuenta de lo que estaba haciendo. Tengo varias anécdotas de autos o camiones que pasaban y tocaban bocina y yo saludándolos como una reina.

Otra cosa que voy a admitir es que, a pesar de todo lo incómodo que puede ser en la ruta, lo prefería muchas veces antes que usar un baño público. Y es que algunos me hacían pensar dos veces si aguantar o hacer tripa y corazón y entrar.

No es una cuestión que el baño debería ser limpio como el de casa (que así tampoco lo usaría como el de mi casa). Se trata de higiene y salud. Ni más ni menos.

Por eso cuando vi en Facebook un producto que resolvía el problema de las mujeres versus los baños públicos me emocioné y puse muy contenta.
¡Más cuando leí que también se consigue en Argentina!

 

Encontré en los urinarios femeninos una solución para el problema de los baños públicos.

Ya sé. Lo primero que pensas es “¡yo no voy a usar eso y hacer pis como un hombre!”.

Te entiendo. Pero pensalo, sacate ese prejuicio. El urinario femenino nos ofrece la posibilidad de usar los baños públicos (y la ruta) de una forma cómoda e higiénica.

Ya no vas a preocuparte por no beber agua o contener las ganas. Sobre todo porque no es bueno para nuestra salud ni una ni la otra.

Feminette se fabrica en Chile y se presenta como la verdadera revolución femenina al desafío de usar el baño fuera de casa.

Fácil de usar, reutilizable hasta por dos años y fabricado con material atóxico y antibacteriano. Y por supuesto, una de las cosas más importantes, no está testeado en animales.

 

¿Cómo se usa? ¿Es realmente fácil de usar?

Sí. Es fácil pero mi recomendación es que la primera vez pruebes en tu casa. Así te familiarizas con el producto y cómo usarlo.

 

Para usarlo de nuevo, lo lavas con agua y jabón.

Te estarás preguntando cómo si a veces ni agua hay en los baños públicos. Por eso Feminette viene con una bolsa de plástico con cierre tipo ziploc para que guardes el producto allí, una vez utilizado, y al llegar a tu casa lo puedas lavar correctamente.

 

¿Es útil solo para usar en los viajes?

Es útil para todas las situaciones en las que tengas ir a un baño público. Todas. Y para todas las edades. 

Ya lo agregué a la lista de objetos para llevar a los viajes. ¿Vos lo vas a probar?

Si queres comprar uno y vivís en Argentina, podes contactarte con Feminette Argentina.

 

Quiero agradecer a Marina de Feminette Argentina que cuando le escribí y le conté porqué estaba buscando el producto, me ofreció uno para probar y poder compartir mi experiencia personal con más mujeres.