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*Cada año que pasa le doy más lugar a mi niña interior para que haga de las suyas.*

 

Hoy es mi cumpleaños y siempre hago como un mini balance. Una previa del otro que hago a fin de año. A veces lo escribo, a veces solo lo dejo en mi mente. Pero desde ayer que tengo ganas de sentarme a escribir, así que vamos a ver qué sale (y si se puede publicar jaja).

Treinta y tres años. Si lo escribo en letras no parece tanto. Cuando veo el número es que digo “epa”. No porque tenga un problema con la edad. Hago chistes al respecto pero no es algo que me genere angustia, en este momento de mi vida. Y aclaro eso porque sí, hasta hace unos  6 años  cumplir años era algo que no me gustaba. En vez de estar contenta, lloraba. Lloraba cual nena pataleando al grito de “no quiero cumplir años”.

¿Por qué me pasaba eso? Lo entendí hace unos dos años pero sigo analizando y encontrando más motivos.

Tiene que ver con que antes del 2012 vivía en piloto automático. Eran muy pocas cosas las que decidía de mi vida. Por lo general, las elecciones tenían que ver con si encajaban o no en lo que se esperaba de mí. 

Tiene que ver con que a menudo y cada vez más seguido me planteaba cuándo iban a empezar a pasarme cosas lindas. Cuándo iba a empezar a hacer cosas que me gusten. Cuándo, cuándo, cuándo.

Entonces, cumplir años era enfrentarme con que el tiempo seguía pasando y yo sin saber qué hacer de mi vida. Los que me rodeaban me decían que tenía que agradecer por el trabajo que tenía, por las cosas que me había podido comprar, lo que podía hacer y yo que me sentía una desagradecida porque todo eso no me hacía feliz.

Hasta llegué a pensar que la felicidad está sobrevalorada. O que directamente no existe. Hasta que apareció un freno a todo eso. Cuerpo y mente se unieron para decirme “basta”. Y les hice caso.

Me escudé bajo la situación que estaba viviendo y no me importó ni opinión ni comentario de nadie. Era momento de tomar las riendas de mi vida. Con todo lo que eso significa.

“Me voy a viajar por América sin saber cuándo vuelvo y si es que vuelvo.”

Estarás pensando que el mensaje frente al no estar conforme con la vida que uno lleva es vender todo e irse de viaje. Bueno, no. No es mi intención dejar ese mensaje.

“¿Pero cómo que no? Si antes de viajar estabas triste y cuando viajás estas contenta.”

Tampoco es así. No es que cuando empezás a viajar se terminan todos tus problemas y la vida se convierte en una felicidad absoluta. No, viajando los problemas siguen, la diferencia es que hay nuevos. Y creo que ahí radica el sentirse uno bien. Porque ya no los tomas como “problemas” sino como desafíos. Los otros eran verdaderos problemas porque no podías resolverlos. Estos son desafíos. Esa es un poco la sensación cuando vivís en lo desconocido.

 

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Bien podrías ser cara de “feliz cumpleaños”. ¿No? Pero es cara de felicidad porque estaba nevando.

 

 Y lo más importante, estás haciendo algo que querés hacer. Y esa es la clave, para mí.

Pero entonces… ¿viajar hace bien o no? Y eso depende de cada uno. Lo importante para mí no es el viaje en sí. No es que si estás en un momento en que sentís que tu vida no va para ningún lado, que no te gusta la vida que llevás la solución es salir a viajar (y sé que puede sonar raro que esté escribiendo esto desde un blog de viajes).

Pero intento ser realista. Porque no todos tenemos las mismas posibilidades ni la misma historia. Y a veces siento que dar ese mensaje de “dejá todo y viajá” es peligroso. Porque si lo lee una persona que está angustiada con su vida pero no puede viajar por el motivo que fuera, es como que lo hundís más en angustia. Y lo que menos quiero es eso.   

Y porque me di cuenta que viajar, en sí, no fue lo que me hizo bien.  No, no estoy diciendo ni que no me gusta viajar ni que viajar no hace bien. Estoy diciendo que viajar fue el cómo pero lo que me hizo bien fue tomar decisiones de mi vida. Hacerme cargo de que no me gustaban algunas cosas y trabajar para cambiarlas.

En mi caso, viajar fue la acción frente a mi decisición. Pero el año pasado también fue decisión quedarme en Buenos Aires para recuperar fuerzas, encontrarme conmigo de nuevo y seguir adelante.

Y esa es la clave. Elegir y hacer.

Tampoco voy a decir que eligiendo algo nuevo o algo que querés hacer hace rato va a cambiar todo de un momento a otro. O que lo que elijas hoy va a ser lo mismo que elijas mañana. No, podes elegir de nuevo y cambiar y eso es lo maravilloso.

Creo que tiene que ver con ponerse en movimiento. Con hacer. Sin importar si el resultado es el esperado. Lo ponés en movimiento, lo hacés andar. Es como una rueda, lo que más cuesta son las primeras vueltas, después gira sola.

 

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*Foto de mi cumpleaños en ruta, en el 2015.*

 

De hecho, yo sigo construyendome. Sigo buscando elegir y actuar. Y mis elecciones ahora se basan en lo que me hace bien. Y si en un momento, lo que me hacía bien empieza a no hacerlo, busco la manera de cambiarlo.

Ahora, ¿qué tiene que ver esto con cumplir años? Porque me fui por las ramas (no es raro igual).

Que ya no cumplo años. No estoy cumpliendo. No estoy obedeciendo. Estoy bien plantada en lo que quiero. Ahora no me asusta que pasen los años. Bueno, hay días que sí, que me agarra esa duda de si estoy por buen camino. Pero cuando veo a mí alrededor y todo lo que avancé en estos últimos cinco años, me calmo.

Insisto, la idea con estas palabras no es decirte que viajar es la solución a esa opresión en el pecho cada vez que te levantás a la mañana y pensás en todo lo que te va a pasar, desde tomarte el mismo colectivo hasta verle la cara a tu jefe y después volver a tomarte el colectivo y así, hasta el viernes que te sentís libre, pero es una libertad de mentira porque son dos días para hacer lo que querés pero no. Con todo el cansancio que tenés más las otras responsabilidades… ¡AHH!

No. Si te sentiste identificado con esa rutina, no creas que tenés que viajar sí o sí para cambiar esa realidad. Me acuerdo que mientras viajaba, me preguntaban si recomendaba salir a viajar a aquellas personas que no les gusta la vida que tenían en ese momento.

Mi recomendación es que primero analices por qué no te gusta, qué es lo que cambiarías. ¿El trabajo? ¿El estudio? ¿Las dos cosas? ¿Las personas que te rodean? ¿Situaciones puntuales? Y lo segundo es que actúes. No importa si los primeros pasos no son exactos, son importantes igual. Porque van a hacer que nuevos caminos se abran. Capaz lo único que podés hacer ahora es empezar a… no sé, a pintar mandalas o a volver en bici del laburo. Hacelo igual. Por más pequeña acción que te parezca, es un comienzo. Y te vas a sentir bien de hacer algo nuevo y algo por vos.

Hoy no me asusta un año más. No me asusta, sobre todo, porque soy consciente de la mayoría de las cosas que elijo. Que quiero cambiar un montón de cosas, es verdad. Que quiero hacer realidad varios sueños más, es verdad. Pero tiempo al tiempo, paciencia y perseverancia. Voy paso a paso, aunque la ansiedad a veces haga de las suyas, porque se que el pequeño cambio de hoy repercute enormemente en mi futuro.  

 

Y eso. Ahora no sé si estas palabras son para un blog de viajes. Pero si sé que son palabras que quiero compartir con vos y espero que haya podido transmitir correctamente lo que me estaba dando vueltas por la mente.

Gracias por estar ahí.

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