Dejamos atrás la provincia de Santa Cruz e ingresamos nuevamente a Chubut. Nos recibió una ruta de ripio pero con la esperanza de que las rutas en adelante sean de asfalto.

Llegamos a Rio Mayo pasada las 6 de la tarde, así que aprovechamos para merendar mientras actualizábamos las fotos de nuestros pasos por los últimos lugares visitados.

Al día siguiente nos levantamos con ambiente de festejo. Era el cumpleaños n° 31 de Ale. Su primer cumple en viaje y se despertó con ganas de pasarlo en la ruta. Acomodamos todo, cargamos agua caliente en el termo y salimos a rodar. Teníamos ganas de llegar a Esquel y para eso había que recorrer 400km.

Nos habían contado sobre el paisaje monótono de la estepa chubutense. Los colores pardos, amarillentos del pasto, no ver arboles sino arbustos. Solo cuando se cruza el Rio Senguer se ve un paisaje diferente, el resto se suma a una cansadora y aburrida ruta recta, interminable por momentos.

 

Bahia de Los Palos

Bahia de Los Palos

 

Llegamos a Gdor. Costa cerca de las 4 de la tarde y los estómagos reclamaban algo más que mate. Paramos a almorzar, a contestar los mensajes y estirar las piernas y patas.

A la hora volvimos a la ruta y, a pesar que el sol se puso a jugar a las escondidas con los cerros, con la poca claridad que había llegamos a Esquel.

¡Qué locura! Una ciudad con mucho transito, sin semáforos y con el agregado que ya estaba entrada la noche. Luego de un rato de andar buscando donde parar, estacionamos dentro de una estación de servicios y comenzamos a bajar las revoluciones que provoco el habernos desacostumbrado a una ciudad.

Lamentablemente La Tronchita no estaba funcionando sino hasta semana santa, así que no pudimos conocer uno de los trenes turísticos famoso mundialmente y que aun rueda por el planeta. El Viejo Expreso Patagónico, o más conocido como La Tronchita, quedará para una próxima visita.

Como ya comenté, nos habíamos desacostumbrado a una ciudad y esto provoco que decidiéramos ir hacia Trevelin. Pueblo con nombre de origen gales que significa “pueblo del molino” y que se encuentra a 22km de Esquel. Es increíble como en tan corta distancia cambia el paisaje y la forma de vida. Entrar al pueblo y respirar la tranquilidad con la que viven aquí, en un ambiente gales, ya diferente la forma de la plaza (no es una cuadra sino sexagonal) y con la distribución del pueblo: la mayoría sigue el patrón de plaza principal y alrededor encontrar la municipalidad, la comisaria, la escuela, la iglesia.


Visitamos el Área Natural Protegida Cascadas Nant y Fall, el arroyo de igual nombre nace en el lago Rosario y desemboca en el Río Futaleufu. En su recorrido forma 7 saltos, de los cuales 3 están dentro de esta área protegida: la Petiza, las Mellizas y la Largo que dice que tiene más de 60mts de altura pero que a nosotros nos pareció menos de la mitad.


Queda a 15km del pueblo y se ingresa por un camino de ripio que va subiendo permanentemente por un cerro. Tiene en todo su recorrido plantas de rosa mosqueta a sus costados. Pablo, el guarda parque, nos contó que esta plata la trajo de Europa un compañero para decorar los ingresos a los parques y que hoy en día, es una plaga difícil de controlar ya que sus pequeños frutos tienen dentro decenas de semillas y, al caer, con ayuda del viento las mismas se van esparciendo.


De allí tomamos un atajo y fuimos hasta el complejo hidroeléctrico Futaleufu donde se encuentra el sector sur del Parque Nacional Los Alerces. Reconozco que muchas ganas no tenia por lo que representa una represa, pero Pablo insistió mucho y fuimos.

Si bien los postes de alta tensión entorpecen la vista y no quedan bien, la parte donde no se encuentran es muy linda.

Estando sobre la represa leo un cartel sobre las medidas de seguridad en caso de emergencias. Lo miro a Ale con cara de “¿Qué me está queriendo decir?” y el, muy tranquilo, me dice “y si, esto se puede romper en cualquier momento…” Nunca desee salir corriendo tanto como esta vez. Aparte los carteles que alertaban de que la zona era inundable y que ante la sirena había que salir lo más rápido posible, no ayudaban.


Volvimos para Trevelin y pasamos el fin de semana en la feria de artesanos. Conocimos a Reynaldo, un enamorado de su Mercedes Benz 608, quien nos ayudo a reconocer cual sería el problema (o los problemas) que tiene el Forastero en cuanto a mecánica/electricidad se refiere. También le contamos que una de las llantas ya no quiere mas y el nos regalo una que tenia por haber cambiado el rodado del suyo. Muy buena la charla donde seguimos aprendiendo sobre mecánica y demás yerbas. Me parece que vamos a terminar poniendo un taller mecánico móvil y ¡chau artesanías!

El lunes partimos hacia el Parque Nacional Los Alerces pero a la zona centro. Dentro esta Villa Futalaufquen, un centro urbano donde aparte de encontrar el centro de visitantes para buscar información sobre las actividades del parque, hay proveedurías para abastecerse de alimentos, aunque es mejor hacerlo en Trevelin por los precios.

El parque cuenta para hacer varios senderos con diferentes dificultades. Nosotros no podemos hacer los que requieren hacer noche en el medio por las tuchis, pero esto no nos impide disfrutar de los otros.

Orillas del Lago Futalaufquen

Orillas del Lago Futalaufquen

El primer día hicimos una caminata hasta Puerto Limonao por el medio del bosque y bordeando al Lago Futalaufquen. Más que bosque, nos pareció estar en una selva. Después fuimos hasta el sendero cinco saltos y caminamos por túneles de caña de coihue. Al otro día fuimos a visitar la cascada Irigoyen y ya dejamos la zona centro para ir a recorrer la zona norte donde se encuentra la pasarela del Rio Arrayanes que te llevan a conocer las orillas del Lago Menéndez y el Puerto Chucao. Habíamos visto que el sendero era un círculo, pero al ir veíamos que la gente volvía sobre el mismo camino. ¿Por qué será?. Cuando llegamos a Puerto Chucao yo le dije a Ale de hacer todo el circulo y no volver por la misma vía como el resto.

¿Para qué?. Hicimos unos metros y vemos un cartel que alertaba de la presencia de pumas. ¿Qué va a haber pumas por acá?. Hicimos unos metros más y vimos arboles que estaban rasguñados en sus troncos. No creo que ningún lindo gatito lo haya hecho, pero en fin… caminemos sin pensar, sin mirar a los costados, ¿que fue ese ruido?, no ya fue, volvamos por donde vuelven todos, ¡¡¡ahhh quién me mando!!! Pero haciendo esta vuelta fue que pudimos ver el glaciar Torrecillas.

 

 

Lago Menendez

Lago Menendez


El ultimo día que estuvimos en el parque terminamos de recorrer lo que pudimos porque una de las sugerencias que les hicimos a las guarda parques al salir, es que se deben poner estacionamiento para los vehículos en los inicios de los senderos, no nos pareció muy seguro que debamos dejarlos en la ruta, literal, porque no hay banquina y lo otro es mejorar la señalización de los mismos. Mejor no publicamos cual fue la repuesta de ellas.

Llegamos a Epuyen, un pueblo donde nos esperaban desde hacía tiempo. Fue la primera vez que las tuchis hicieron trekking con nosotros y así terminamos descansando los cuatro frente al Lago Epuyen.

Al otro día partimos rumbo a El Bolsón, donde Mónica y Horacio nos esperaban también. Nos conocimos en Viedma y nos invitaron a pasar unos días en la Granja “Los Enebros”, así que a medida que nos acercábamos a esta zona ya nos comunicábamos para reencontrarnos. Y de esto hace 10 días ya y todavía seguimos aquí, aprendiendo y conociendo esta forma sustentable de vivir, pero nuestros días aquí quedaran para el siguiente capítulo. 

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