“¿Qué están haciendo? ¿Por qué no siguen viajando? ¿Cuándo vuelven a salir? ¿Cómo está todo?”
Estas y otras tantas preguntas más escuchamos y leemos a diario y, si bien vamos contestando en el momento, queremos compartir estos últimos meses con ustedes.

¿Por qué no siguen viajando?

La historia hasta diciembre del año pasado ya la conocen (si no, la pueden leer aquí), cuando nos reencontramos con el Forastero teníamos la idea de hacer unos arreglos mínimos y salir a recorrer por las rutas del mundo otra vez.

Eso era reparar goteras y nos encontramos con la mayoría de los hierros estructurales oxidados, algunos directamente no existían.

 

¿Y ahora? Así no podíamos seguir, no sabíamos hace cuánto que estaba así pero no queríamos averiguar hasta cuándo iba a aguantar. Si vamos a seguir viajando, lo vamos a hacer bien.

¿Qué estuvieron haciendo todo este tiempo? ¿Qué están haciendo ahora?

Empezamos desmantelando el Forastero. Si, así como leen. Primero sacamos los muebles, la cocina, la heladera. Luego despegamos los vinilos que hacían de pared para encontrar que debajo estaban todos los fenolicos húmedos. Como papel mojado los sacamos y la fibra de vidrio, que hacía de aislante, toda desintegrada. Con razón sentíamos que el Forastero no tenía aislación.

Después Ale desmontó la estructura de hierro del baño, también con oxido en todos sus hierros. Y así quedó el Forastero por dentro, vacío, sin paredes, sin muebles.

¿Y ahora por dónde empezamos?

Así como nos subimos a manejar sin saber manejar, desmontamos todo sin tener conocimiento de cómo hacerlo, aunque no se qué tipo de conocimiento habría que tener porque fue sacar todo como sea, porque total si se rompía igual había que cambiarlo. Ale nunca había usado una amoladora ni había cortado hierros y aprendió desmontando de a poco las estructuras. Por suerte Carlos, un vecino de la mamá de Ale tiene soldadora y se ofreció a ayudarnos a soldar los hierros que tuvimos que reemplazar y poner nuevos.

Filmamos el proceso en que fuimos desarmando para acordarnos como armarlo. Así quedaron grabados también este tipo de momentos.

Después nos fuimos repartiendo tareas: mientras Ale pintaba con desoxidante y luego dos manos de antioxidantes los hierros, yo fui tomando las medidas de los espacios que había entre hierros para cortar el telgopor, el nuevo aislante. En esta parte nos divertimos mucho (bah, en todo tratamos divertirnos) porque yo fui tomando las medidas y enumerando los huecos a mi manera. Teóricamente al lado del 51 tiene que estar el 52, bueno no, vaya uno a saber por qué yo le puse el 64 y el 52 al lado del 59. Yo le daba los telgopores enumerados para que los coloque y el venía acordándose de mi mama, mi abuela y mi hermana por el tiempo que tardó en encontrar los diferentes espacios.

Una vez que ya teníamos todo el camión aislado ya estaba preparado para empezar a armar de nuevo. Y nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Lo volvemos a armar como estaba o aprovechábamos a armarlo como nos gustaría?

Y si, elegimos la segunda opción y esto incluía mover de lugar el baño, agregar una mesada en el sector de la cocina, agrandar el sector de la mesa y sillas y colocar una ventana grande para poder mirar hacia afuera cuando estamos sentados comiendo o haciendo artesanías.

Seguimos con la siguiente fase, las paredes. Por suerte, los dos tenemos los mismos gustos así que cuando nos mostraron los colores simil madera no dudamos. Bueno, cuando nos pidieron un segundo color como alternativa, ahí discutimos un poco, pero había del que queríamos ambos.

La maderera estaba a 12 cuadras. Las placas medían 2,60mt de ancho por 1,85mt de alto y el flete costaba lo mismo que dos placas. Con Ale nos miramos y sabíamos que íbamos a intentar llevar las 6 placas caminando y esto incluía cruzar la ruta 5, las vías del tren y un campito descuidado.

[Tweet “Lo que tenemos que aprender lo aprendemos haciéndolo. Aristóteles”]

El encargado de la maderera junto a unos empleados se rieron cuando les contamos nuestra intención. Sobre todo me miraban a mí y ponían cara de que no iba a aguantar pero se apiadaron de nosotros y nos dijeron que si no podíamos llevar todas juntas ese mismo día, nos guardan las otras para ir a buscarlas de a poco.

Llevamos la primera, fuimos a buscar la segunda, con la tercera pusieron cara de sorpresa, cuando fuimos a buscar la cuarta nos recibieron con cara de asombro, con la quinta ya nos alentaban y con la sexta, y última, ya nos recibieron aplaudiendo y demostrando que no podían creerlo. Sin duda fuimos la anécdota de la cena de todos ellos.

¿Y ahora? ¿Cómo ponemos los paneles? ¿Tenemos que sacar las ventanas? ¿Cómo las volvemos a colocar luego? ¿Y con la nueva ventana?

Pero si hay algo que nos gusta es aprender cosas nuevas. Empezamos de atrás hacia adelante. Teníamos que quitar las ventanas. ¡Qué miedo! ¿Y cómo se hace? Ale sacó los remaches, desajusto acá, movió allá y listo. Las ventanas ya estaban afuera. Ahora sólo había que pedirle al cielo que no se le ocurra llover por los próximos días.

Una vez que las quitamos podíamos sacar lo que hacía de pared (fenolicos) con lo que quedaba del aislante. ¡No se pierdan la técnica de Ale!

(Nota: Schiavi es un jugador de futbol, como decirlo, “algo rustico”.)

Como verán estuvimos ocupados y eso que recién les contamos hasta enero. Quedan unos meses y mucho más por contarles.

Pedimos perdón por todo este tiempo que estuvimos ausentes y prometemos en breve seguir relatando sobre lo que vamos haciendo para poder seguir viajando por las rutas del mundo.

 

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