Recomendación:

Se viene un texto largo. ¿Para qué vamos a mentirte?  😆 

Así que te sugerimos que te prepares unos buenos mates o un rico café o té para acompañar esta tercera y última parte de: Una vuelta a Buenos Aires de película (para todos los gusto)😀 


El milagro no ocurrió. Pororoca, la kombi de Nico, seguía apagándose cada vez más seguido. Cada cinco kilómetros había que estar renegando para que arranque y avanzar unos quince kilómetros y así.

Y lejos de mejorar la situación, el cielo parecía enojado porque a cada minuto aumentaba la intensidad de la tormenta. Lo único que rescatábamos era que el frío se había apoderado del ambiente.

En un momento apareció la idea de que el problema no fuera mecánico sino que la nafta que cargamos, antes de salir de Brasil, sea de mala calidad y estuviera generando esos desperfectos.

El escenario no era el mejor. Teníamos más de 200 kilómetros hasta llegar a la próxima estación de servicios que, además, no íbamos a cargar del lado de Uruguay, sino que la idea era hacerlo en la primera estación de servicios en Argentina.

Como si no pudiera empeorar, nos dimos cuenta que el bidón para rellenar el tanque y que, necesitábamos usar de un momento a otro, contenía la misma nafta donde cargamos la última vez antes de que empiece a fallar la kombi.

Pero si teníamos dudas, empeoró. Mucho.

Los limpiaparabrisas no daban abasto para sacar la cantidad de agua que caía del cielo. La visibilidad en la ruta era casi nula.

En un momento, pasó un camión del lado contrario y nos tapó el parabrisas con una especie de spray de agua. No sé cuántos segundos tardaron los limpiaparabrisas en despejar y devolvernos la imagen de la ruta.

Nico comentó que no le disgustaba manejar con tormenta pero que, justamente, le tenía miedo a los camiones que pasaban y arrojaban ese spray y de la posibilidad de que salga una piedra de entre las ruedas del camión e impacte en el parabrisas.

¿Qué creen que pasó a los pocos minutos de decir eso?

Pasó otro camión a gran velocidad y nos tiró el mismo spray de agua con la diferencia que se sintió un golpe y en menos de un segundo todo el parabrisas se convirtió en un perfecto dibujo al estilo “mandala” y había un agujero a la altura del copiloto.

parabrisas roto de la kombi - una vuelta a buenos aire de pelicula

parabrisas roto de la kombi desde afuera - una vuelta a buenos aires de pelicula
Nico logró mantener la calma y manejar unos metros hasta estar seguro que podía frenar. Justo encontramos una especie de playa de estacionamiento en la banquina.

Reinaba un silencio de misa. Nadie quería pronunciar palabra. El agua no paraba de caer del cielo y sentíamos que había una especie de saña en su fuerza.

Primero confirmamos que Catriel estuviera bien. El agujero era justo donde estaba sentado él.

Después nos bajamos y los chicos empezaron a buscar la forma de sacar lo que quedaba del parabrisas. Parece que la lluvia se apiadó de nosotros y empezó a ceder. Claro, ya había hecho su trabajo.

Agarramos uno de nuestros aislantes y lo pusimos del lado de adentro. Nico se vendo toda la mano con una toalla, respiro profundo y comenzó a empujar hacia fuera los vidrios.

Al principio, dudaron de andar sin algo que los proteja e intentaron seguir con un aislante que cubra la mitad del hueco. Pero era incómodo, así que lo quitaron y anduvimos varios kilómetros sin nada.

Pero no iba a ser así de “sencillo” (si es que así puedo decirle). La lluvia decidió volver por su protagonismo y se hacía presente, aumentando su fuerza. Nico y Ale, que pasó a ser copiloto, se vistieron con los pilotos de lluvia, un par de anteojos negros y se pusieron al frente.

Con Catriel, pusimos la cortina de baño que usábamos para tapar las bicis entre la cabina y la parte de atrás para que no entre tanta agua y moje (mas) las cosas.

Lejos de mantener una situación de tensión, como podrán ver en los vídeos, logramos cambiar el aire y buscar la forma de sobre llevar, de la mejor manera, lo que estaba sucediendo.

Fueron cadenas de chistes, uno tras otro, sobre lo que estaba ocurriendo, sobre las posibilidades de qué todo sea producto de “mala onda” que se nos pegó o hasta empezamos a buscar quién podría ser el “yeta” (presente o no).

Pero la Pororó no dejaba de fallar en su andar. Se apagaba, le costaba arrancar, en las pocas subidas se quedaba sin fuerza.

En una de las veces que estabamos en la banquina y que Nico intentaba darle arranque, yo comencé a sentir olor a quemado. Ni lo dudé y se lo dije a Catriel que no solo sintió el olor sino que empezó a ver cómo salía humo de la parte trasera de la kombi, que es  donde está el motor.

Los tres se bajaron corriendo y abrieron la tapa del motor. El olor ya había saturado el aire dentro de la kombi. Pero, por suerte, lo que se quemó no era nada relacionado a la mecánica sino que, aparentemente, se sobrecalentó la zona y la pintura se empezó a quemar. Hacía burbujitas y todo.

Decidimos avanzar unos metros para estacionar y dejar que baje la temperatura. De paso, aprovecharíamos a comer algo. Con tanto trajín, se nos había pasado la hora del almuerzo.

Encontramos una parada de colectivo que nos sirvió de refugio. Parecía que la lluvia no nos iba a dar tregua y teníamos que buscar la forma de qué el agua deje de entrar a la kombi y no se dificulte tanto el andar, que ya por si lo estaba a causa de los desperfectos mecánicos.

Y así fue como apareció la idea de colocar la cortina de baño como si fuera un vidrio, hacerle dos ventanitas y atarla con tensores para que no se corra con la velocidad y el viento.

como arreglar el parabrisas roto de una kombi

 

como arreglar el parabrisas roto de una kombi 2

esos pedazos de cinta aislante es para que no se siga abriendo el plástico. Sí, hasta en eso pensamos.

Es decir, le hicimos honor al dicho de que los argentinos “atamos todo con alambre”. Pero a mí me gusta más creer en que frente a las situaciones adversas, lo que realmente sirve y nos saca adelante es la creatividad.

Transitamos los últimos kilómetros de la “maldita” ruta 26 y llegamos a la frontera entre Uruguay y Argentina. Estábamos a un paso de sentirnos en casa y eso, con todo lo que veníamos viviendo, no era poca cosa.

Pero a medida que nos acercábamos, iban creciendo las dudas de si nos iban a permitir cruzar la frontera así o si iban a dejarnos seguir transitando de esa manera. Eso, sin mencionar que dentro de la kombi era un despelote total. Si querían empezar a revisarnos, podíamos llegar a estar días.

Entramos a la especie de peaje que hace de oficina de migraciones y aduana a la vez. Uno de los empleados nos preguntó si el vidrio era blindado como el de los camiones de caudales y ahí, todos los nervios y dudas que teníamos, se convirtieron en carcajadas.

Contamos lo que nos sucedió mientras nos sellaban los pasaportes y escuchábamos más chistes del estilo “¿es un nuevo modelo?“, “¿viene con aire acondicionado?

Un poco más, cruzamos el puente Internacional General Artigas mientras de lejos veíamos el cartel de “bienvenidos”.

Creo que de todas las fronteras que crucé, nunca me emocioné tanto como esta vez.

cartel de bienvenido a la Argentina en paysandu colón - vuelta a buenos aires

Paramos en la estación de servicio a cargar nafta. El tanque estaba casi vacío, así que, ahora comprobaríamos o no, si el problema era la calidad del combustible.

Otra vez nos sorprendía el atardecer en la ruta. Increíble pensar que iba a ser un viaje de 30 horas, como mucho, y que ya habíamos superado las 50 horas.

Pero si creían que al haber entrado en Argentina significaba que esta vuelta a Buenos Aires de película se había terminado, lamento informarles que no. Todavía faltan un par de capítulos más.

No sé cuántos kilómetros habremos hechos en la Ruta Nacional N°14 pero, como era sabido, el primer control de tránsito nos paró.

No discutimos que hayan hecho lo correcto porque sabíamos que conducir en ese estado implicaba riesgo para nosotros y los demás. Porque nos frenaron por el vidrio (o la falta, en verdad) y, lamentablemente, nos encontramos con la situación de que el comprobante de pago del seguro estaba vencido por un día (no teníamos cómo demostrar que estaba pago).

Lo que podemos llegar a cuestionar es que hayamos tenido que estar más de media hora explicando que no teníamos dinero en efectivo y que entendíamos el por qué de la infracción y que aceptábamos que nos libren una como corresponde.

Pero, como si esta película ya no tuviera demasiado suspenso, el momento que logramos que nos hagan la multa y nos dejen seguir (porque el tema del parabrisas, para ellos, nunca fue una infracción o impedimento para transitar) se corta la luz.

¿Entienden? ¡Se corta la luz! ¡Y no funcionaba la impresora! Y el mal humor de los policías aumentaba y el nuestro también. Ya no sabíamos si reírnos, llorar o todo junto y a la vez.

Pero volvió la electricidad. Nos dieron la multa impresa, le devolvieron los documentos a Nico y nos subimos a la kombi.

Ahora si, con ganas de poder llegar, bañarnos y dormir y… duró poco.

¿¡Otro control más!?

Esta vez, de gendarmería.

como arreglar el parabrisas roto de una kombi 3

No les preocupó ni el parabrisas ni pidieron los documentos. Solamente querían revisar la kombi. Nosotros sabíamos lo que buscaban y dejamos que Nico se encargue de demostrarle que no había nada. De paso, aprovechamos para estirar las patas con Pioja y Pumba.

El gendarme pidió abrir una de las heladeras donde estaban los productos que habíamos comprado en el mayorista de Brasil. Tendrían que haber visto la cara que puso cuando vio los paquetes de Tapioca.

Le preguntó a Nico qué era y el empezó a explicarle que se usa para cocinar, para hacer panqueques sin usar otro ingrediente, que se le puede poner banana, melaza. Que se calienta una sartén de teflón, se espolvorea y se da un vuelta y vuelta.

Y se ve que el gendarme no se sintió muy bien con el mini curso de cocina y preguntó, de manera directa, si fumábamos marihuana (estigma y prejuicio con respecto a los viajeros y más a los que lo hacen en una kombi).

Lo más gracioso fue la respuesta de Nico: “Claro que no, nunca tendríamos esas cosas. Es más, ellos son veganos.”

Es decir, nosotros dos.

¡La cara del gendarme cuando le dijo eso!  😆 

Es el día de hoy que tengo mis dudas de si entendió o no lo que significa que seamos veganos y que, por no preguntar y volver a recibir a un mini curso, nos dejó seguir.

Las risas hicieron eco dentro de la kombi por varios kilómetros. Y las sonrisas también porque la Pororó estaba funcionando mejor.

Cuando llegamos a Zarate, cargamos combustible y nos deshicimos del último objeto categorizado dentro de los “mufas”. Desde ese momento, la Pororó anduvo de diez. Bueno, sin parabrisas… pero es un detalle.

Nunca sabremos si lo que le pasó a la kombi fue el combustible de mala calidad o lo “otro”. Pero sin dudas, esta si que fue una vuelta a Buenos Aires de película que incluyo de todo: drama, comedia, suspenso, acción y terror.


Queremos agradecer eternamente a Nico y la Pororó y a Catriel por el aguante y la amistad sincera. Sin dudas, esta vuelta a Buenos Aires quedará en nuestros recuerdos por siempre y será un capítulo “de película” en nuestras historias de viajes.

¡Gracias, gracias, gracias!  😀 

Para leer la primera parte de esta historia.

Para leer la segunda parte.

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