¡Volvemos a jugar al Veo Veo!
¿Se acuerdan cuando compartimos nuestra experiencia de vivir en un taller mecánico o de sentirnos felices por ver las sonrisas de nuestras madres? También contamos cómo un mapa fue lo que hizo cambiar nuestro rumbo.

Hoy vamos aprovechar que hay que escribir en base a una imagen con una frase que nos inspiró a contar cómo fue que cambiamos de querer viajar en motor home a pensar y desear realizar el viaje en bicicleta.

¡Stop! ¿Te estás preguntando cómo es eso que dejamos el Forastero y seguimos el viaje en bicicleta? Leé las reflexiones de por qué no estamos viajando y cómo seguiremos para entender.

nunca vuelve el viajero, viajar te cambia zona de confort
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Dibujo de El Topo Ilustrado.
Pueden ver sus obras en: https://www.facebook.com/ElTopoIlustrado

El 29 de junio de 2014 se cumplió un año desde que volvimos a Buenos Aires. ¡Muchísimo tiempo! Pero vamos a ir un poco más hacia atrás, cuando esto de soñar con viajar por América empezó a convertirse en realidad.

Nosotros vivíamos en un departamento, no era nuestro sino alquilado, pero dentro tenía todo mueble, electrodoméstico y comodidad que puedas imaginarte. Cuando decidimos hacer realidad el sueño de viajar vimos y leímos todas las posibilidades y variable posible: motor home, auto + casa rodante, auto, moto, bicicleta, a dedo.

No sólo teníamos que evaluar cómo movernos sino que podamos realizarlo con Pioja y Pumba, nuestras perras. Así descartamos el viajar con autostop (a dedo). Pensábamos: ¿Quién nos va a frenar y querer llevar teniendo las mochilas, la carpa, las bolsas de dormir y dos perros? Por más que sean de tamaño pequeño, lo veíamos imposible.

¿En bicicleta? Las veces que Ale me lo decía yo sólo podía recordar que la última vez que anduve en bicicleta fue en 1999 cuando vivía en la zona norte de Buenos Aires y usaba ese medio para ir y volver del colegio. Y la última experiencia fue en las vacaciones del 2009, en Córdoba quisimos ir de Nono a Mina Clavero en bicicleta. Resultado: a los 5 kilómetros casi me caigo desmayada y Ale tuve que golpear la puerta de una casa que estaba sobre la ruta para pedir agua.

La moto era nuestro vehículo en la ciudad, viajábamos los cuatro para todos lados. Pero lo hacíamos con distancias cortas dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Visitamos cuanta página de motociclista viajero encontrábamos, Emilio Scotto, Pablo Luna, entre otros. ¿Viajar en una moto o aprendo a manejar y viajamos en dos? ¿Dónde llevaríamos todo lo que necesitamos? No, no y no. No nos cerraba, cada vez que lo pensábamos era como una luz roja que se prendía en la mente.

viajando en moto con dos perras salchichas zona de confort
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Así viajabamos en moto con Pioja y Pumba.
(Foto: Val Bernardi – Soy Jean Paul)

Lo mismo ocurrió y ocurre con viajar con un auto. ¿Qué auto? ¿Uno que tenga para hacer una cama con el asiento trasero y el baúl? ¿De los nuevos que se resuelve todo conectando una computadora o de los que se precisan herramientas ante los problemas mecánicos? ¿Naftero, diesel o GNC? ¿Llevamos anafe con los cartuchos o garrafa de 3 kilos? A nosotros no nos terminó de convencer el gasto de combustible más comida más camping o lugar donde pasar la noche.

Entonces empezamos a ver motorhomes, y nos gustó porque tiene todas las comodidades: cama, cocina, heladera, inodoro y ducha. ¡Era excelente! Pasábamos de un departamento de 40 mts2 a uno de 15 mts2 pero no íbamos a preocuparnos por donde dormir, donde cocinar, donde comer, donde ir al baño, donde bañarnos. No tenía que elegir tres remeras entre las 30 que tenía, podía llevarme 18 sin problema. Total, el que iba a hacer fuerza era el motor y estantes o cajones había de sobra. ¡Qué fácil iba a ser cambiar de estilo de vida!

¿Escucharon alguna vez el término “zona de confort”? Vendrían a ser todos los lugares y situaciones en las que nuestra mente se siente cómoda y nos hace sentir seguros. Cuando no queremos que nada cambie, que todo se quede así porque nos da miedo pasar por algo que no conocemos.

Este es un video de Carlos Laudir Gama Chávez que explica muy bien qué es esto de la zona de confort.

Si bien haber tomado la decisión de hacer un cambio tan radical en nuestra vida como fue renunciar a nuestros trabajos, vender y/o donar lo que había dentro de nuestro departamento y salir a viajar fue salir de nuestra zona de confort, hoy también vemos la elección del vehículo en base a lo que nos sentíamos seguros.

Con el motor home, más allá de la historia mágica que hay con el Forastero, no teníamos que preocuparnos o eso creíamos. Como dije más arriba, sólo debíamos buscar donde estacionar porque el tema cama, cocina, baño estaba resuelto. Eso es lo que creíamos antes de viajar.

Y a lo largo de los nueve meses que duró nuestro primer viaje, descubrimos que esas comodidades que tanto buscamos y que tanto necesitábamos a veces nos molestaban o no las necesitábamos.

Desde Puerto Madryn dejamos de usar la ducha, preferíamos pagar $5 o $10 y hacerlo en las estaciones de servicios de la ruta o en algún club deportivo o en la casa de quienes nos recibían y saben que una buena ducha mientras estas viajando, es un regalo enorme.

En los meses previos a partir, muchas personas me preguntaban cómo iba a hacer para lavar la ropa. Una de mis excusas perfectas para llevarme numerosas prendas de ropa. ¡Ojo! Que de todas formas, sólo seleccioné un cuarto de mi placard.

Lo que pensaba era llevar todo a una lavandería en los lugares donde supiera que nos íbamos a quedar dos o tres días. Pero el plan fue cambiando cuando nos dimos cuenta que con el dinero que gastaríamos en un lavadero podríamos comer una semana, o cargar combustible para hacer unos kilómetros más. Nos cambió la forma de ver el dinero y empezamos a hacer pequeños sacrificios para poder seguir viajando.

Y empezó a suceder lo que no esperábamos. ¡Todos nos ofrecían un lavarropas! Si, así como leen. Quienes nos recibían e incluso personas que se acercaban a hablarnos y compartir un momento terminaban yéndose sin antes decirnos: “¿Necesitan bañarse o lavar ropa? Vengan a casa y de paso hacemos una rica comida”.

De todas formas, en los días que crecía la bolsa de ropa sucia, en varias estaciones de servicio me han dejado lavar la ropa. Pero no en los baños, si hablas con las personas que trabajan allí de seguro te permiten ingresar a un lugar donde poder hacerlo. Y lo importante, cuando te vayas dejado más ordenado y limpio de cuando llegaste. No sólo te lo agradecerán sino que permitís que el próximo viajero pueda tener el mismo beneficio.

La otra comodidad que nos hacía sentir seguros era tener donde cocinar. Ya antes de salir nos imaginábamos todo lo que íbamos a cocinarnos. ¡Hasta recetas que nunca habíamos hecho! ¿Resultado? El horno lo habremos usado como mucho 10 veces y la mayoría fue para hacer pizzas en juntada con viajeros. Nos hemos alimentado de forma muy variada pero a los pocos días de haber salido ya la comida pasó a un segundo plano.

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Una de las tantas comidas compartida con Jime y Andres de La Vida de Viaje.

Todas comodidades que nos fuimos dando cuenta que no eran tan importantes como creíamos. Al final, descubrimos que sólo usábamos las mismas 3 o 4 mudas de ropa, un plato de fideos con salsa o una ensalada daba igual, bañarse es necesario pero hay un montón de opciones para hacerlo, lo mismo sucede con la tarea de lavar la ropa.

Cuando volvimos a Buenos Aires hace un año, era para visitar a la familia y amigos y salir nuevamente a las rutas. No nos planteábamos cambiar de vehículo porque viajar de esa forma era la que conocíamos con lo bueno y no tan bueno.

Todo lo que nos fue sucediendo y postergando la fecha de partida tuvo su motivo. A medida que se nos hizo más pesado poder retomar el viaje, más nos escuchábamos quejando de esto y aquello y como nos estábamos bancando todo por una cama, cocina, baño y ducha.

Hasta el día que repartimos las cartas y barajamos de nuevo. Todas las dudas que nos planteamos cuando todavía ni siquiera sabíamos en qué vehículo viajar fueron repasadas pero con una visión completamente diferente.

Nunca vuelve el viajero, viajar te cambia. Si lo sabremos.

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*¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

Disfruta de más Veo Veo: Caminando por el GloboHey Hey WorldAmneris MazzeoUna Argentina en PanamáSomos como ViajamosPlanBViajeroBatmanes (depaseoportodaspartes),RumbeandoPorAhíCuerpo-sentido

 

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